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Si en una institución una campaña bien dirigida pudo dar buenos resultados, ¿por qué no aplicarla en otras?

Usemos tecnología para ahorrar

Con la tecnología actual disponible en el país, es posible realizar un ahorro importante de energía eléctrica en hogares, instituciones y edificios públicos y privados, mientras se mantienen las actividades normales y sin bajar la calidad de vida de los habitantes.
Esto debería hacerse en todo Costa Rica, no solo en el sector público sino a nivel privado, con iniciativas que deben generarse al interior de fábricas, universidades, centros comerciales, edificios y en general en todos los sitios donde, con unos pocos cambios, es posible el ahorro energético.
Esto acaba de demostrarlo, por ejemplo, el Instituto Tecnológico de Costa Rica, que logró ahorrar ¢32 millones en la factura eléctrica de un año mediante una iniciativa que incluyó una campaña llevada a cabo por el Sistema de Gestión Ambiental de esa institución, según nos lo informó LA REPUBLICA el jueves anterior.
Se instalaron lámparas con sensores de movimiento, se cambiaron otras por fluorescentes compactos de 13 vatios y se sustituyeron balastros electromagnéticos por electrónicos, entre otras medidas.
Esto es algo que el país puede hacer. Algo que podría comenzar a transformar el natural amor por la naturaleza de los costarricenses en medidas prácticas, muy concretas, destinadas a ahorrar energía eléctrica.
Si en una institución una campaña bien dirigida pudo dar los resultados antes mencionados, ¿por qué no aplicarla en otras? Si en cada hogar costarricense hubiera una persona generadora de ideas y acciones concretas el cambio se produciría.
Pero lo mismo podría suceder si en cada institución del Estado se dicta esa directriz y se cumple.
Ahorrar energía eléctrica, reciclar, producir abono con los desechos orgánicos, utilizar objetos, jabones y detergentes biodegradables, entre múltiples acciones para cuidar el planeta y su ambiente es parte de lo que puede hacerse y cuyos resultados pueden verse a corto plazo.
Todo esto se puede lograr sin contar con nuevos ni abultados presupuestos, sin más leyes ni demasiados cambios. Unas pocas disposiciones sumadas a una buena campaña motivadora y quizás algunos incentivos pueden bastar para generar la necesaria modificación en los hábitos de las personas y en el consumo de electricidad.
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