Bruno Stagno

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Lunes 9 Septiembre, 2013

Estados Unidos, Francia y Reino Unido deberían recurrir a Unidos por la Paz


Unidos por la Paz contra Assad (II)

Los fantasmas de la guerra de Iraq de 2003 han resucitado, con los Estados Unidos nuevamente alistándose a determinar cuándo y dónde aplica el derecho internacional, para luego invocar su supuesto derecho a aplicar la ley del más fuerte.
Electo en yuxtaposición a la administración George W. Bush, el Presidente Barack Obama parece olvidar que su elección fue en cierta medida un voto de protesta contra los excesos y abusos de su antecesor.
Uno de esos excesos fue la invasión por elección de Iraq bajo falsas premisas y sin el aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Apenas una década después, el Presidente Obama se prepara a dar los mismos pasos en falso, adelantando criterio previo a la publicación de los resultados de las inspecciones sobre el uso de armas químicas en Siria y buscando justificaciones unilaterales para el uso de la fuerza en ausencia de una autorización del Consejo de Seguridad.
En esta ocasión, de la mano de Francia y Reino Unido, Estados Unidos ha querido caracterizar al Consejo de Seguridad como una calle sin salida. Si bien es cierto que Rusia y China han paralizado al Consejo al Seguridad en al menos tres ocasiones, no pueden paralizarlo por completo. Gracias al Artículo 11 de la Carta de las Naciones Unidas y a un mecanismo que data de 1950 llamado Unidos por la Paz (resolución 377 V), la Asamblea General puede tomar el relevo privando a los miembros permanentes de su derecho al veto.
Antes de lamentarse ante la parálisis del Consejo de Seguridad, o de apresurarse a encontrar justificaciones unilaterales para legitimar un eventual uso de la fuerza, Estados Unidos, Francia y Reino Unido deberían recurrir a Unidos por la Paz.
En siete ocasiones anteriores, el Consejo de Seguridad ha superado el veto de uno o más miembros permanentes mediante la adopción de una resolución habilitante de Unidos por la Paz.
En cada ocasión, la Asamblea General ha respondido adoptando medidas que van desde la autorización de misiones de mantenimiento de la paz a la imposición de sanciones, desde la creación de comisiones de investigación a la solicitud de opiniones consultivas de la Corte Internacional de Justicia, entre otras.
Si bien la Asamblea General en principio no podría autorizar el uso de la fuerza, ciertamente ofrece una base multilateral mucho más sólida para legitimar medidas contra Siria que las justificaciones unilaterales invocadas por Londres, París o Washington.
Pero dicho caudal de legitimidad puede tener un alto precio: resucita un mecanismo que puede adquirir vida propia en respuesta a Siria y eventualmente otros escenarios aún más incómodos para los intereses de los tres aliados y miembros permanentes.
Por ello la insistencia en la ficción de la calle sin salida. De lo contrario, tendrían que explicar qué es lo que les preocupa tanto de la legitimidad de la Asamblea General como para pasar por alto este recurso contra la brutalidad de Bashar al-Assad.

Bruno Stagno Ugarte