Randall Quirós

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Históricamente, los costarricenses hemos considerado la educación como el más importante vehículo de movilidad social. Sin embargo, el proceso de globalización y el cambio en el modelo económico costarricense han puesto en evidencia rezagos que deben ser superados y retos que deben ser acometidos. En el caso de la educación pública, el problema no es de recursos. Con una inversión cercana al 8% del PIB, Costa Rica es una de las naciones que más invierten en su educación. Los retos tienen que ver con la calidad de la educación, los contenidos y los medios para acercar a los estudiantes al conocimiento y, muy importante: el alineamiento entre formación y demanda laboral en un nuevo entorno.

En materia de calidad el primer insumo es la excelencia del educador. En este sentido hemos propuesto coadyuvar en lo que sea necesario al Magisterio para que cada educador reciba capacitación y actualización constantes tanto en contenidos básicos como en metodologías para enseñar. Es importante, igualmente, liberar al educador de cargas administrativas a fin de que pueda concentrarse en las actividades académicas que son su deber fundamental. La evaluación objetiva e independiente de los educadores debe servir para fortalecer sus conocimientos y destrezas en las áreas de menor fortaleza.

Junto a la excelencia docente, hemos de fortalecer la dotación de recursos materiales físicos y virtuales para que educador y alumno cuenten con las herramientas idóneas para la formación en un mundo global. Parte de esos recursos tiene que ver con una adecuada, agradable, segura y confortable infraestructura educativa. En esto el esfuerzo debe ser constante.

Los contenidos programáticos hay que revisarlos no en el vacío sino en el contexto de la demanda de recursos humanos que requieren la nueva economía y las nuevas realidades culturales caracterizadas por el multilingüismo, el conocimiento técnico y científico y la competencia global. No podemos contentarnos con lo regular cuando el mundo reclama excelencia del recurso humano y es capaz de buscarlo en cualquier lugar del mundo.

Finalmente, hemos de incrementar el rol de la familia en la formación de hijos e hijas. Los padres no pueden ser un ente ajeno, lejano y extraño a las escuelas y colegios; deben tener una participación determinante tanto en los contenidos que se imparten como en los métodos que se utilizan. No se trata de que los padres se conviertan en los “jefes técnicos” de los educadores sino de involucrarlos en los procesos, escucharlos, compartir objetivos y ponerlos en situación de poder complementar el rol de la escuela con el rol de la familia.

La educación debe volver a ser, como lo fue en el pasado, el primer motor de movilidad social de las personas y la mayor fortaleza en nuestras aspiraciones de desarrollo. 

Randall Quirós es el jefe de Campaña Rafael Ortiz.

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