Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 15 Octubre, 2010


Una voz desde el desierto


El mundo se ha conmovido por las voces surgidas en las últimas semanas desde el desierto más árido del planeta, Atacama, en el Norte de Chile. Allí, durante cerca de tres meses estuvieron atrapados a más de 600 metros de profundidad, 33 heroicos mineros.
Recluidos en 50 metros cuadrados, estuvieron 17 días sin contacto con nadie en la superficie. El propio ministro de minas dio a entender que era casi imposible que estuvieran vivos. Sin embargo, su férrea disciplina e indomable voluntad de vivir los mantuvo hasta que las sondas que los rastreaban dieron con ellos y pudieron constatar que estaban vivos.
Inmediatamente todo el mundo, no solo en Chile, se movilizó para lograr su rescate demostrando el gobierno una total voluntad política, los medios de comunicación una cobertura ininterrumpida y recurriendo a la tecnología más sofisticada para traerlos sanos a la superficie. Todo con minuciosa exactitud y notable éxito ante la mirada atónita del mundo.
Chile ha sido de nuevo el centro de atención de la humanidad, pero esta vez no por los horrores de la tiranía de Pinochet ni los destrozos causados por un terremoto, sino por haber concitado la voluntad de todos: gobierno, medios de comunicación, iglesias, opinión pública mundial, personalidades de las artes y de la ciencia, pero sobre todo, la gente común, hasta el punto de convertirse en noticia permanente durante estas semanas.
Gracias a la grandeza humana de este puñado de trabajadores, es toda la clase obrera, tan denigrada por los corifeos del capitalismo salvaje, la que se ve reivindicada en sus derechos humanos y en su dignidad.
Lo extraordinario es que no estamos ante el tipo de hombre que hoy promueve como ideal la actual y decadente sociedad de consumo y que califica de “ganador”. Todo lo contrario, estos mineros son gente humilde, que deben recurrir a uno de los más duros oficios en las entrañas de la tierra, en una mina en medio de un desierto inhóspito, una región alejada de los grandes centros de poder económico, político o cultural.
Estos héroes que hoy honran a la humanidad conmocionada, no son millonarios ni exitosos ejecutivos de grandes trasnacionales, ni políticos poderosos, ni científicos ganadores de premios, ni vedetes del espectáculo o el deporte. Son trabajadores que solo buscan llevar un pedazo de pan a sus familias. Por eso han expuesto su vida sin que nadie, hasta ahora, les reconociera sus más elementales derechos humanos.
Por eso hay que destacar las palabras del presidente Piñera diciendo que exigirá un más estricto cumplimiento de las condiciones laborales y de la justicia en pro de los sectores sociales de su país. Sinceramente espero que esas palabras tengan eco en estas tierras y se apliquen no solo en Chile, sino también en Costa Rica.
Lo anterior merece destacarse porque Chile ha sido puesto en nuestro país como un ejemplo y el propio Presidente actual es todo menos un hombre de izquierda. Por eso Costa Rica debe arrojar una mirada crítica y pensar en devolver a los trabajadores sus plenos derechos en momentos en que algunos neoliberales consideran el Código de Trabajo como un obstáculo a sus intereses y progreso y desean “revisarlo”. Incluso no pocos jueces en los tribunales de trabajo no aplican el principio consagrado en dicho Código “in dubio pro labore”.
En muchas empresas se persigue a los trabajadores que quieren organizar sindicatos. En medios comerciales de comunicación se sataniza a los sindicatos. El propio Ministerio de Trabajo ha denunciado que 30% de los trabajadores no recibe el salario mínimo. En no pocos establecimientos comerciales, especialmente en temporada navideña, no se pagan horas extra. La Caja de Seguro Social no se cansa de dar cifras multimillonarias de cuotas que los patronos no pagan. En conclusión, las palabras del Presidente chileno deben ser consideradas como otra voz que junto a la de los heroicos mineros, se levanta en el desierto.

Arnoldo Mora