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Para recolectar al menos cuatro veces al año, la basura de varias carreteras del área metropolitana, se tienen que gastar $700 mil

Una realidad vergonzosa

Además de que no cuenta el fisco con el dinero suficiente para las diferentes necesidades del país, entre otras cosas porque no hay voluntad política para combatir la evasión tributaria existente, las malas costumbres y la falta de aseo de una parte de la población, aumentan los gastos.
Así lo explica en detalle una nota de este medio hoy, donde se pone en evidencia que, para recolectar al menos cuatro veces al año, la basura de varias carreteras del área metropolitana, se tienen que gastar $700 mil.
Esto debe hacerse porque toda esa basura arrojada por conductores y vecinos de las principales carreteras, es una contaminación que daña el ambiente, además del impacto negativo que tiene en el turismo.
Cerca de 200 toneladas de basura arrojada a tan solo 40 kilómetros de las principales vías urbanas, causan diversos tipos de daños. Por ejemplo, los desechos orgánicos al podrirse emiten metano, uno de los principales gases de efecto invernadero. Pero este tipo de basura también genera residuos (lixiviados) y otros contaminantes líquidos que con las lluvias pasan a las alcantarillas y luego a los ríos destruyendo flora y fauna, además del agua.
La realidad es vergonzosa. Se habla de la meta de ser carbono neutral, pero no se ha hecho nada para que, al menos, aprendamos a ser aseados y no inundar con basura el país en que vivimos. Nos vendemos como nación protectora de la naturaleza pero las aguas negras van a parar a los ríos y tiramos la basura a las calles.
Decimos ser amantes de la naturaleza pero no les enseñamos a nuestros niños que llenar las calles de basura es dañar la naturaleza, no amarla. Y si no inculcamos esto con el ejemplo, difícilmente podemos pedir a los menores que no sigan las malas prácticas que los adultos les enseñan. Un nefasto círculo vicioso que, a pesar de la retórica de los discursos políticos, nadie se ha propuesto revertir.
En Costa Rica se debe pasar de los bonitos discursos, pronunciados al interior para las campañas políticas y al exterior para vendernos como ecológicos, a ejecutar planes destinados a modificar la cultura nacional. Eso es lo que puede ayudar a acercarnos realmente a la tan ansiada meta de la carbono neutralidad y a una realidad más coherente con la que pregonamos.
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