Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 29 Diciembre, 2015

¡Una rabieta!

Entre los costarricenses ha pasado desapercibida la decisión del Gobierno de declarar la retirada del “Sistema de Integración Centroamericano”, conocido en sus siglas como “SICA”. La integración regional es una aspiración de larga data. Ya al declararse la independencia, en 1821, se vivió una primera experiencia política, bajo el impulso de estadistas como Francisco Morazán. Esta experiencia fue efímera, pero la búsqueda de la integración económica se mantuvo presente a lo largo de la historia., hasta que en 1961 se materializó mediante la creación del Mercado Común Centroamericano, contemporáneo de otros acuerdos. El conflicto entre El Salvador y Honduras, lo mismo que las guerras civiles en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, frustraron durante más de dos décadas los avances de este segundo proceso de integración. Sin embargo, el proceso de paz, impulsado sobre todo a partir de la Cumbre de Presidentes, Esquipulas II, 1987, permitió ofrecer un nuevo horizonte a la integración, concebida dentro del marco de los objetivos de la consolidación de la paz y la democracia. Una de sus manifestaciones fue la creación del Sistema de Integración Centroamericano (SICA), el cual además de avanzar en el ámbito económico ha trascendido a la esfera política y presenta ya unas instituciones básicas para la dirección del proceso.
Hoy día, no se pueden negar los logros políticos y económicos de este proceso, pues por primera vez en mucho tiempo Centroamérica se apresta a concluir un decenio de su historia en una situación mejor que la que enfrentaba cuando lo comenzó. No obstante, existen razones para temer por la solidez de estos progresos: el crecimiento económico no ha sido acompañado por una mayor equidad social, los niveles de deterioro del medio ambiente han aumentado de manera inquietante, y la región en su conjunto —con algunas honrosas excepciones— sigue presentando un grave vacío en la satisfacción de las necesidades básicas de grandes sectores de la población: tres de cada cinco centroamericanos viven en condición de pobreza y dos de cada cinco viven en indigencia o pobreza extrema. Pese al incremento del comercio entre la región, la mayor parte de las exportaciones centroamericanas se siguen dirigiendo a los países desarrollados y lo que es más grave, siguen siendo mayoritariamente productos primarios.


Si vemos con más detalle en este último problema regional migratorio se resaltan claramente las peculiaridades de cada país y la poca integración que realmente tenemos, a pesar de las décadas de pertenecer al SICA y los múltiples esfuerzos por fortalecerlo.
Por supuesto que la salida de Costa Rica no se debe únicamente a la falta de negociación entre las partes para resolver en especial el de “los hermanos cubanos”. ¡Fue como quien dice, “la gota que derramó el vaso!
Pero con nuestra salida del sistema, me surgen las siguientes interrogantes:
¿Quién tiene más que perder?
¿Si antes era difícil conseguir consensos, no será más difícil fuera del sistema?
En la opinión de la mayoría de centroamericanos, Costa Rica siempre fue considerado el menos integracionista y con esta decisión en mi opinión se confirma.
El manejo de la política regional nunca ha sido fácil, pero sí es imprescindible ser parte.
Concuerdo con la frase del canciller: ¡“Costa Rica puede vivir sin el SICA”! Sin embargo, estoy convencida de que somos los que más tenemos que perder al no estar presentes en las negociaciones y reuniones de la región de manera constante.
Me ha extrañado las pocas reacciones del sector privado. Recordemos que es Costa Rica el que produce, importa y quien depende más del comercio intrarregional.
No me extrañaría que esta sea una de las tantas decisiones que tenga este Gobierno que rectificar, confirmando la sensación de rabieta de chiquito malcriado. ¡Con razón o sin razón, el que se enoja siempre pierde!

Mónica Araya