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Al ver las características de las luchas actuales en las arenas políticas, queda claro que no estamos dando el salto para entrar a la categoría de Política con mayúscula

Una política que acabe con la politiquería

Seguir una vía de desarrollo acorde con las principales potencialidades del país, para aprovecharlas de modo sostenible, es una necesidad que, percibida por muchos costarricenses, no pareciera interesar en los círculos de quienes actúan en la política.
No es que no se hable de desarrollar al país. Tampoco faltan frases hechas y proyectos circunstanciales para apagar algún incendio o favorecer intereses de algún sector. Eso nunca falta en la agenda, pero no se origina en un plan país concebido para lo que decíamos al inicio, ni cuenta con el apoyo de la mayoría de la población (entendiendo por mayoría lo que realmente significa y no la porción que suele ganar en las elecciones nacionales caracterizadas cada vez más por un creciente abstencionismo).
Al avanzar el país en esa forma, a golpe de aparentes ocurrencias o coyunturas aprovechables, la marcha casi nunca es apoyada por un conglomerado nacional que sería de gran potencia si marchara unido tras un plan en el que vieran con claridad el bien común.
Aun en medio de las normales diferencias entre los partidos políticos, cuando surgen grandes planes destinados a un modelo de avance idóneo, sostenible, incluyente y bien diseñado, suele aparecer no solo el apoyo para llevarlo a cabo, sino una multitud de líderes capaces de exponerlo y de atraer aun a los que suelen quedarse al margen.
Pero para que eso suceda, se necesita el ejercicio de la Política con mayúscula. Esto debe nacer en la sociedad civil e incorporarse a los partidos políticos existentes o a nuevos que surjan al calor de las ideas.
Sin embargo, al ver las características de las luchas actuales en las arenas políticas (dentro o fuera de la Asamblea Legislativa), queda claro que no estamos dando el salto necesario para elevar su nivel.
A la ausencia de un plan país acertado y aceptado por la mayoría real, a la cual nos referíamos antes, hay que agregar otros factores que hacen imposible el avance a un ritmo aceptable, aun de los proyectos arbitrarios. Entre otros, la ingobernabilidad que aparece en gran medida por la falta de transparencia y por la ausencia de una ética indispensable, en muchos de quienes aspiran a ser apoyados por la población como políticos aspirantes o como gobernantes.
Todo esto ha producido un estancamiento en la agenda nacional y un desinterés en los gobernados que solo se ve interrumpido por las pendencias de baja calidad suscitadas al calor de lo político electoral.

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