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Es cuestión de contar con un buen equipo de gobierno trabajando con interés genuino por mejorar la producción, evitar la evasión fiscal, hacer un gasto público austero y establecer prioridades para atender las principales necesidades de la población


Una enfermedad que tiene cura


Las consecuencias de no tomar las medidas más acertadas para equilibrar ingresos y gastos en Costa Rica, se señalan puntualmente en un análisis editorial publicado ayer en este medio.
Por otro lado, se enumeran cuatro puntos entre las principales medidas que el próximo gobierno debería tomar para bajar el déficit fiscal.
Ambos candidatos a la presidencia de la República tienen su estrategia, según lo han dado a conocer en la campaña, para enfrentar el problema de ese déficit.
Pero además de los pros y los contras de las diferencias que estas estrategias tienen, y de la aceptación de la urgencia de solucionar el problema para no empujar al país a una situación en la que su deuda sea inmanejable, deje de pagar, y entre en insolvencia (default), se deberá encontrar el camino adecuado para generar una mejor calidad de vida en los habitantes.
Los costarricenses ya han demostrado en las urnas que no quieren más engaños, manejos poco claros, desigualdad y pobreza. La disconformidad ha llegado a límites muy poco deseables.
Es decir, que además de enfrentar con inteligencia el déficit fiscal, habrá que administrar mejor los instrumentos de desarrollo para que la mayoría pueda beneficiarse con ellos.
Todos los sectores productivos deben ser apoyados para que contribuyan al empleo formal y justo. Si un modelo de impulso no sirve, no da el resultado esperado, habrá que usar otro. Lo que debe evitarse es no hacer nada.
La tarea es grande y compleja, pero no imposible.
Es cuestión de contar con un buen equipo de gobierno trabajando con interés genuino por mejorar la producción, evitar la evasión fiscal, hacer un gasto público austero y establecer prioridades para atender las principales necesidades de la población.
Esto no solo volvería al país a una mejor condición, sino que renovaría en los costarricenses la fe en el sistema democrático en que vivimos y en la clase política. Lo cual no es poco.
Permitiría quizás también llegar a acuerdos para legislar en un ambiente más propicio para el entendimiento.
Insumos estos indispensables para que un gobierno pueda desarrollar sus planes, por buenos que estos sean.
Es verdad que el Ejecutivo por sí mismo puede hacer mucho, pero también lo es que el país requiere de los otros dos poderes funcionando transparente y seriamente.
 

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