Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Viernes 28 Agosto, 2015

Hay una compañía internacional que tiene el conocimiento y el poder para soslayar la estulticia imperante pero… ¿los demás?

Una dolorosa enseñanza

Con el fin de realizar las obras para la terminal de contenedores en Moín, APM Terminals traerá piedra del extranjero.
Miles de toneladas de piedra serán traídas desde Noruega y no se sabe cuántos miles o millones de piedras vendrán del litoral Pacífico de México.
Aunque algunas de las exportaciones de piedra se señalan como material idóneo para la obra, lo cierto es que el material nacional de condiciones similares se volvió de imposible explotación.
Entre Setenas, pseudoambientalistas, procedimientos administrativos, caprichos burocráticos, presiones sindicales, eliminación del silencio positivo (en una desconcertante consecuencia del principio pro natura) y los sandías (verdes por fuera, rojos por dentro con el corazón color de las semillas) se confabularon para que un concesionario llegue a tan sorpresiva decisión.
Traer la piedra del otro lado del Atlántico y del otro lado del continente resulta más barato, oportuno y racional que enfrentar la tramitología y cuasiextorsión que cunden en nuestro país. ¿Queda claro?
¿Quiénes pierden? Entre las obras que harían unos y otros, la industria de la explotación, los trabajos y otras cuestiones se suman pérdidas significativas. Es obvio que a algunos no les interesa el bien común.
Están atrincherados en sus feudos, caprichos, posiciones de poder y gollerías y está claro que no hay patriotismo ni solidaridad.
El punto central es si seremos una sociedad tan inteligente que pueda sacar enseñanza del penoso incidente.
Es menester entender que no podemos continuar con una tramitomanía irracional, que no se puede defender el ambiente con instrumentos que se prestan a la extorsión, que no se puede combatir alguna eventual corrupción eliminando a toda la sociedad el silencio positivo (situación que además anima otra clase de corrupción) y que la burocracia y el permiso que se ensañan contra la actividad humana deben ser transformados en algo positivo.
¡O cambiamos o nos lleva candanga!
El realismo mágico se salió de la literatura y se afincó en la vida cotidiana de los costarricenses. Se han mezclado la realidad y las situaciones absurdas. La situación descrita no es obra de la imaginación de un artista sino la dura realidad que deben enfrentar todos los días las personas que quieren hacer algo.
Es el mundo de aquel Mefistófeles del Fausto que expresaba: “…todo cuanto existe debiera arruinarse, y sería aún mejor que no existiese nada”.
Hay una compañía internacional que tiene el conocimiento y el poder para soslayar la estulticia imperante pero… ¿los demás? ¿Cómo hacemos los que no tenemos recursos para superar a los demiurgos burocráticos, estatistas y pseudoambientalistas que le ponen obstáculos a todo? ¿Cuántas oportunidades nos perdemos por su culpa?
Es obvio, además, que la difusión de la noticia no va a estimular la creación de empresas en nuestro medio.

Federico Malavassi