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Hay una doble jornada que incide en las oportunidades de trabajo a las que tienen acceso las mujeres y desde luego, dificulta el acceso a posiciones de liderazgo tanto en el sector privado como en el público

Una deuda pendiente con las mujeres trabajadoras

Con una tasa que ronda el 10%, no es de extrañar que el desempleo sea hoy una de las principales preocupaciones de la población, y este 1° de mayo es el momento propicio para reflexionar sobre las deudas pendientes con los trabajadores, especialmente con las mujeres.
Solo en el último año más de 30 mil personas perdieron su empleo, de las cuales cerca del 80% corresponde a mujeres.
Aún más, el salario de las mujeres es un 27% menor que el de los hombres, mientras que de los 300 mil costarricenses que no reciben un salario mínimo, las principales afectadas son también las mujeres.
Aunque estas cifras son ya de por sí bastante reveladoras, las mayores responsabilidades que tienen las mujeres en el hogar, tales como el cuido de niños y personas mayores, hacen que la problemática sea aún mayor.
Las mujeres trabajan cerca de 37 horas a la semana en trabajos no remunerados, eso significa que hay una doble jornada que incide en las oportunidades de trabajo a las que tienen acceso y desde luego, dificulta el acceso a posiciones de liderazgo tanto en el sector privado como en el público.
Considerando que un 43% de las mujeres es jefa de familia, el combate a la pobreza y la reactivación de la economía necesariamente requiere instrumentos que les permitan balancear sus responsabilidades laborales y familiares.
En ese sentido aplaudimos los esfuerzos que se han desarrollado con programas tales como la red de cuido y el fomento del emprendedurismo femenino, pero es necesario apuntalar una política pública que combata esta brecha de género.
También es necesario insistir en los proyectos que obliguen a los partidos políticos a incluir mujeres en los primeros puestos de sus papeletas, ya sea presidenciales o municipales.
Las labores no solo pueden quedarse del lado del sector público. La empresa privada, desde sus puestos de mando, debe promover el cambio. De nada sirve que se monten las bases si todo queda en el papel.
En pleno siglo XXI, Costa Rica, su legislación, gobierno y empresas deben ponerse al día y revertir una deuda con todas sus mujeres trabajadoras.

 


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