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Lunes, 6 de diciembre de 2021



FORO DE LECTORES


Una banca ética es una banca responsable

Jeannette Ruiz Delgado jeruiz@bncr.fi.cr | Viernes 22 octubre, 2021

Jeannette

Jeannette Ruiz

Presidenta Junta Directiva

Banco Nacional

En junio de 2019 la Asamblea Legislativa promulgó la Ley 9699, “Ley de Responsabilidad de las Personas Jurídicas sobre Cohechos Domésticos, Soborno Transnacional y otros Delitos”, que permite responsabilizar penalmente a las personas jurídicas respecto de una serie de delitos contemplados en la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito en la Función Pública de octubre de 2004 y el Código Penal de mayo de 1970.

Uno de los atenuantes planteados en esta ley ante eventuales responsabilidades, es contar por parte de las personas jurídicas, con un programa anticorrupción, que tenga como objetivo la prevención de delitos. La mencionada ley tiene una amplia lista de sanciones penales ante su incumplimiento, que promoverán un cambio de cultura.

Las instituciones públicas, incluyendo a las empresas propiedad del Estado que operan en competencia con el sector privado, son fundamentales para el desarrollo social y económico del país; y la eficiencia de su gestión está directamente ligada al buen uso de los recursos públicos y a un desempeño apegado a valores y principios institucionales que deben ser adoptados por sus colaboradores. En diferentes momentos de la historia se han dado escándalos de corrupción, que además de hacer al Estado incurrir en pérdidas y sobrecostos, han provocado cuestionamientos por parte de la ciudadanía, que con toda razón se ha sentido desilusionada de la institucionalidad.

En el Conglomerado Financiero Banco Nacional (CFBNCR), en el contexto de cumplir con la Ley 9699, y sobre todo de mantener la confianza de las partes interesadas, se ha aprobado un Modelo Anticorrupción, cuyo objetivo es implementar acciones que prevengan la corrupción, se fortalezca la cultura ética y se eviten situaciones que atenten contra los principios y valores institucionales. Para ello se cuenta con políticas, procedimientos y manuales específicos de carácter interno y su alcance considera a las partes interesadas, funcionarios, proveedores, socios del negocio y clientes.

Todos en el CFBNCR, en todos sus niveles, tenemos la responsabilidad de cumplir con el modelo y rendir cuentas de dicho cumplimiento. Además de este nuevo modelo, se cuenta con una serie de documentos fundamentados en la ética, los valores, la gestión de riesgo, el Sistema de Control Interno y Cumplimiento Normativo, como el Código de Gobierno Corporativo, Código de Conducta, Política de Conflicto de Interés, Política de Transparencia y otra reglamentación atinente. Además de incorporar las acciones preventivas, se plantea un marco de sanciones a las conductas que se consideren corruptas o antiéticas.

También se tienen contemplados principios que permitan luchar contra este flagelo y se hace acompañar además de las políticas, de roles y responsables para lograr los objetivos planteados. Se cuenta con canales de denuncias confidenciales que permitan reportar libremente algún delito contemplado en la Ley 9699, que garantizan la confidencialidad, y a partir de ahí realizar las investigaciones pertinentes, donde se siga el debido proceso y se obtenga la evidencia que permita demostrar la verdad real de los hechos y proceder con sanciones si se demuestra que el caso lo amerita.

Todo el concepto de lucha contra la corrupción cuenta con un marco regulatorio interno, que permite la gobernabilidad y la formalización del esquema, cumpliendo con los principios OCDE, en el marco de la incorporación del país a la misma y también como un compromiso ante el sector financiero nacional y la fortaleza que brinda al sistema.

Todas estas políticas impactarán a las partes interesadas, ya sean Juntas Directivas, Alta Administración del Banco y Subsidiarias, colaboradores y clientes. La lucha y los avances país en esta materia son una muestra de la madurez que hemos ido alcanzando, la ruta hacia la búsqueda de incorporar en nuestra cultura las mejores prácticas debe continuar, este es un paso más, pero no podemos detenernos, nuestro sistema y la búsqueda de eficiencia, eficacia y credibilidad nacional e internacional, nos lo demandan. En definitiva, una banca ética es una banca responsable.






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