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La responsabilidad en el caso de los exámenes de biología que se filtraron a una parte del alumnado antes de la prueba, pone en evidencia, una vez más, el estado de la moral en el país

Un vergonzoso deterioro social

El deterioro moral, el deseo de obtenerlo todo fácilmente, sin esfuerzo, la sobrevaloración de lo material como panacea y único fundamento de la felicidad, parecen haberse instalado de tal manera en nuestra sociedad como para hacer estragos.
Cada día las malas noticias abruman a la ciudadanía y, más allá de los casos en que estas se utilizan de forma exagerada con fines mercantilistas, la realidad nos evidencia el deterioro antes mencionado.
El que las respuestas de unos exámenes que se harían a los estudiantes en todo el país, llegaran a manos de muchos de ellos antes de la prueba y por ello esta deba ahora repetirse, no solo trae consigo un enorme malestar por parte de los estudiantes que no se vieron involucrados en el acto indebido, sino que produce inquietud y desgaste totalmente innecesarios en los padres de familia, en muchos adultos que hacen grandes esfuerzos para continuar estudiando y en los educadores y autoridades de ese Ministerio.
Tiempo y energía empleados en intentar solucionar un vergonzoso problema que nunca debió suceder. Pero, lo que es peor, la demostración de una sociedad que de este modo no puede ir por buen camino.
La responsabilidad no puede recaer únicamente sobre el sector de la educación, porque el mal ha permeado a todos los ámbitos de la sociedad, públicos y privados.
Es la consecuencia de un modelo de desarrollo que engendró un estilo de vida en el que se debilitaron los mejores hábitos y se fortalecieron otros, tan negativos que hoy producen este tipo de actos y actitudes que nos avergüenzan como pueblo.
No son cosas nuevas, de acuerdo. La humanidad en todas sus épocas ha tenido demasiado de qué avergonzarse. Pero se trata de avanzar y se trata de nuestros niños y adolescentes. Esos a quienes se suele llamar el futuro de la patria cuando son, por el contrario, el presente, y a quienes debemos atender como se merecen y sobre todo, dar el ejemplo adecuado.
Por el contrario, esos estudiantes están emulando probablemente lo que el día a día les dice que están haciendo muchos de sus mayores. Su conducta no puede disculparse, pero la de los mayores mucho menos.
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