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Lunes 28 Diciembre, 2015

Un tiquete para el tren de la nueva economía

El mundo está cambiando rápidamente, eso es innegable. Y la manera como se entiende el emprendimiento no es ajena a ese cambio. Antes de 1990, por lo general el apoyo al emprendimiento pasaba por proteger la existencia de pequeñas empresas. Esto con el ánimo de defender su capacidad para generar empleo frente a las ventajas que las empresas con grandes capitales y economías de escala tenían en términos de productividad y competitividad.
Ese modelo era conocido como “economía administrada” donde las empresas pequeñas, y por ende las nuevas empresas, estaban lejos de ser vistas como un motor de crecimiento para la economía. Incluso, no eran consideradas como una fuente importante de generación de nuevos empleos; ese era el papel de las grandes empresas.
Para los años 2000 el modelo empezaba a cambiar: la nueva fuente de productividad y ventaja competitiva para las empresas era el conocimiento, no necesariamente el capital. (Para más referencia ver “What’s New about the New Economy? Sources of Growth in the Managed and Entrepreneurial Economies”).
Pero para impulsar el crecimiento no bastaba el nuevo conocimiento, era necesario que las empresas tuvieran la capacidad de transformar este conocimiento en productos y servicios concretos que generaran valor y tuvieran un mercado real. Esta nueva realidad se denominó “economía del emprendimiento” o “nueva economía” que sustituyó a la de la “economía administrada” como paradigma básico para explicar el emprendimiento como fuente de crecimiento económico.
Estos esfuerzos llevaron a algunos países a entender la necesidad de trabajar más de cerca con las empresas y, más específicamente, con los nuevos emprendedores creadores de riqueza. Este fue el caso de Chile con la creación de Startup Chile, un programa público que busca atraer emprendedores de alto potencial provenientes del mundo entero, ofreciendo incentivos para que sus iniciativas empresariales se lancen en Chile. Otro ejemplo es Colombia con la creación de INNPulsa como la unidad de desarrollo e innovación operada por Bancoldex.
En la nueva economía, más que desarrollar estrategias para generar innovación, se requiere fomentar una cultura de innovación en toda la sociedad donde se creen no solamente nuevas empresas sino también mecanismos de financiación (incluyendo profundizar los fondos de capital privado) y una industria que soporte al emprendedor.
Para las organizaciones multilaterales todo esto nos plantea un reto interesante. Nos hace ver la necesidad de apoyar la creación de ecosistemas de emprendimiento e innovación capaces de explotar oportunidades de amplio potencial de crecimiento, donde la ventaja competitiva se deriva de las capacidades innovadoras de los empresarios. Un reporte de The Economist de 2014 lo resume bien.
Si la apuesta es entonces por subirse al tren de la nueva economía, hay que instaurar el significado del emprendimiento y la innovación en la cultura y transformar la visión hacia una concepción moderna del emprendimiento dinámico.
Esto, bajo dos premisas importantes. Primero, el emprendedor y su equipo, como generadores de las capacidades de innovación, deben ser el centro de la estrategia. Y segundo, es necesario aprender a partir de la acción, colocando al emprendimiento y la innovación como una manera integral de hacer empresa, no solamente como gestión de tecnología.
Si los emprendedores innovadores y de alto crecimiento operan de esta manera, una organización que quiera dar soporte a estos emprendedores debe trabajar bajo la misma lógica..
Las estrategias de apoyo que incorporen una visión moderna del emprendimiento dinámico, un entendimiento del emprendedor y su equipo, y que inserten a la innovación como parte integral de la cultura empresarial y social son las que ayudarán a países de la región a obtener un tiquete para el tren de la nueva economía.

Cristina Pombo

 

*Consultora del BID