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Solís tiene algo realmente especial; revaloró el cargo de presidente, y tiene cualidades que generan respeto y admiración en todos los estratos


Off the record

Un selfie, don Luis

Estoy seguro que en el último par de meses, usted ha visto de forma recurrente un “selfie” de alguno de sus contactos de redes sociales, con Luis Guillermo Solís.
Motivo de ello, discutimos a lo interno de la redacción si era un síntoma de que el Presidente seguía en campaña, mientras temas como la huelga afectaban al país.
Empero, por la subjetividad del tema, mejor les comparto una humilde opinión.
Como para opinar hay que tener cuidado, también es conveniente leer hasta el final antes que vociferar cegado.En el último mes, vi a Luis Guillermo Solís saludar sus nuevos vecinos en Zapote, y dar abrazos por doquier.
La semana pasada estuvo un par de ocasiones con la Selección, en un entrenamiento y en una cena que le ofreció.
Estuvo en el Hospital de Niños y con los vecinos de la Trocha.
El tema no para ahí, de hecho, lo que más me sorprende es lo que viene.
Estuvo con la Unión de Cámaras y Amcham, y en ambas actividades, la gente —sí, empresarios y empresarias—, hicieron filas por su recuerdo con “el presi”.

El efecto selfie de Luis Guillermo nos hizo pensar que sigue en campaña, y así pensamos generar un contenido.
Sin embargo, después de analizar, me parece que es algo que está más allá de un tema egocéntrico o populista.
Solís tiene algo realmente especial; revaloró el cargo de presidente, y tiene cualidades que generan respeto y admiración en todos los estratos.
El Presidente de la República representa a 1,3 millones de votantes que le dieron su apoyo, y a los restantes que ahora dependen de su visión para liderar el país.
Y si la gente le apoya, tiene tanto un activo como una bomba de tiempo a su haber.

Las expectativas en este gobierno son altas en extremo, por la frustración acumulada en todos los niveles.
Que no avance una reforma energética y el rezago en infraestructura preocupan a los empresarios, la desigualdad a toda la clase media, si el Estado está quebrado es un tabú bajo la alfombra, al igual que la salud de las finanzas de la Caja.
Costa Rica dejó de ser la cenicienta centroamericana, para ser un hito de triunfos añejos, que obligan a hacer referencia a viejas glorias para alimentar el orgullo.
Y Luis Guillermo Solís deberá lidiar con todo eso.
En sus hombros carga esa responsabilidad, y creo que el apoyo popular puede ser un gran activo, para obligar a los mandos medios a trabajar.
También, que le acompañen en las luchas en la Asamblea, contra los sindicatos y los retrógrados que hace años entraban el desarrollo.
Sin embargo, puede convertirse en su perdición si demora en cumplir, las promesas que hoy le tienen en el altar popular.
Por eso, como él mismo pidió a inicios de semana, es prudente dar un tiempo, para dejarle gobernar.

Daniel Chacón

[email protected]
@dchacon_LR

Editor ejecutivo
 

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