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Un restaurante bueno

Hace mucho tiempo escribí (con base en la experimentación a través de los años en varios mercados) sobre lo que considero es un buen restaurante universalmente hablando.
En una exposición magistral reciente del chef Mikel Alonso, una de las luminarias de la gastronomía mundial, considerado uno de los 50 mejores chefs del mundo por la guía San Peregrino y que vino a Costa Rica en el marco de la Competencia Maestro Culinario, repitió los mismos principios, lo que me lanza a retomar el tema por su importancia en una comunidad que se desarrolla a pasos rápidos en la gastronomía.
En primer lugar el propietario trata bien a su gente y la cuida, la apoya y sabe que es el capital más importante y no es como desgraciadamente muchos en nuestro país, que no invierten en recursos humanos sin valorar su importancia.
Un restaurante que sufra de una exagerada rotación de personal no debería de ser patrocinado, punto, pues denota que no es un bien para la comunidad (esta última es una conclusión personal).
Por otro lado, la razón primordial para ir a un restaurante es su comida, de eso estamos claros, sin embargo hay componentes que aportarán fuertemente a la experiencia: buenas copas para las bebidas de todo tipo, cubiertos pesados, una servilleta de tela absorbente que mida por lo menos 50 centímetros (las prefiero de 60) de cada lado, buenas sillas, excelente iluminación, buena modulación de la música y una selección que acompañe al tema, baños impecables, un menú que se deje leer y esté todo bien explicado y no en poesía, personal bien capacitado y amable y desde luego orden y limpieza en todos los sentidos.
Buen provecho y hasta la próxima semana.
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