Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 7 Abril, 2014

El Presidente electo tiene pleno derecho a conducir la República y todos nosotros debemos contribuir a que su gobierno sea lo más beneficioso posible


Un Presidente legítimo

El Sr. Presidente electo ayer goza de plena legitimidad. Tiene el respaldo del pueblo, de la Constitución, del sistema electoral y alimenta su mandato con las profundas raíces de la democracia costarricense. Esta legitimidad es independiente del número de personas que ayer haya votado.
El Presidente electo tiene pleno derecho a conducir la República, dentro de sus competencias, y todos nosotros —ciudadanos y entidades— debemos contribuir a que su gobierno sea lo más beneficioso posible.
Es evidente que el Presidente electo tiene ante sí varias posibilidades de conducción gubernamental, que esbozo a continuación.
Puede ejercer su gobierno, con todo derecho, exclusivamente con la ayuda de los colaboradores que le llevaron a la victoria electoral. Y paralelamente puede escoger minimizar sus relaciones con la Asamblea Legislativa, mantenerlas con los diputados de su partido, y apostar a salir adelante con un buen gobierno basado en las acciones del Ejecutivo.
Me recuerda eso algunas características de la Administración Carazo Odio. Tales condiciones implicarían renunciar a cambiar las instituciones públicas y afianzar su gobierno en el apoyo popular.
Con un Gobierno integrado exclusivamente por partidarios, también podría buscar una concertación caso por caso con el Poder Legislativo, creando alianzas ad hoc con diversas fuerzas políticas, según el tema de que se trate.
Esto me recuerda la estrategia seguida por doña Laura, primero con una alianza con el Movimiento Libertario y luego con el PAC. El éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad de formular esas alianzas casuísticas.
Puede también el Presidente electo llamar a cargos públicos, en su carácter personal, a algunas personas ajenas a su entorno partidario. En este caso, su relación con el Poder Legislativo podría diseñarse como en cualquiera de los dos casos anteriores, y dependiendo de las características de los colaboradores llamados, podría ampliarse la base de apoyo para la gestión de gobierno. Este estilo me parece el usado por el presidente Pacheco.
Finalmente, podría optar por un gobierno semi-parlamentario de hecho, invitando a uno o varios partidos a cogobernar con base en un programa de gobierno común mutuamente aceptado, con participación de los partidos aliados en los puestos del gabinete, de las instituciones autónomas y del directorio de la Asamblea Legislativa.
En este caso, los nombramientos de los ministros y otros cargos, que correspondan al partido o partidos que se inviten a cogobernar, serían consultados por el Presidente Electo al partido respectivo, sea este el Frente Amplio, el PLN, el PUSC, el Movimiento Libertario o cualquier otro que él escoja.
No tengo duda que —dadas las condiciones pluripartidistas actuales, la atomizada última elección y la composición de la Asamblea Legislativa 2014-2018— esta sería la forma más eficiente de enfrentar las duras tareas que tiene por delante la próxima administración.
Requiere, eso sí, de mucho patriotismo, humildad y capacidad negociadora que no dudo engalanan al Presidente Electo, y que también tendrían que prevalecer en su partido político y en los que con él se aliasen, así como —hay que decirlo— entre el grueso de la población.


Miguel Ángel Rodríguez