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Un plástico muy amigable
Los bioplásticos pueden degradarse en menos de cinco años, mientras que el tradicional tarda más de 100

Sofía Ramírez
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La tendencia hacia los productos “verdes” está en auge, pero no solo por adquirir los catalogados así, sino también por la forma en que nos deshacemos de ellos.
Es así como surgen los bioplásticos, fabricados de almidón de maíz, que tienen la facilidad de “desaparecer” rápidamente.
Normalmente un plástico tarda más de 100 años para degradarse en el ambiente, mientras que un bioplástico lo hace en un periodo máximo de cinco años.
Al ser derivados de recursos naturales, además son reciclables.
Se fabrican a partir del almidón de maíz producido únicamente para uso industrial, que no significa ningún riesgo para la industria alimentaria, ya que representa el 0,0005% de la producción mundial de maíz.
Este almidón pasa por un proceso para convertirlo en un polímero llamado poliácido láctico (PLA), el cual se convierte en gránulos, para usarlo en la fabricación de empaques y otras aplicaciones.
En el país, la empresa Cos
alco es el única importadora de este plástico desde Estados Unidos, y ellos mismos lo transforman en los envases que sus clientes requieren.
“Su costo es similar o ligeramente superior al de otros plásticos, pero sus beneficios para el ambiente son de un valor incalculable”, explicó Ana Beatriz López, gerente de Comunicación de Cosalco.
Una de las principales ventajas del PLA es la posibilidad de que pase por un proceso de compostaje, en el cual un producto biodegradable es sometido a condiciones específicas de humedad, temperatura, oxígeno y a la acción bacteriana. Este proceso, en un período de ocho a 12 semanas, lo convierte en abono orgánico.


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