Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 18 Abril, 2016

 Es increíble cómo don Ramón ha tenido tiempo en su vida para construir un emporio legal-económico, participar en política y, sobre todo, escribir

Un personaje completo

Crear personajes de ficción no es difícil, es trabajoso. Se trata de un proceso entretenido y fundamental para el desarrollo de la acción dramática. Uno intenta inventar personajes atractivos y ricos en contradicciones, aunque siempre la realidad supera a la ficción.
En el escándalo de los Panama Papers abundan los personajes: políticos, como Macri y Putin, deportistas como Messi, cineastas como Almodóvar, narcotraficantes como Caro Quintero, sin olvidar a tantos millonarios anónimos.
Pero el personaje más interesante es Ramón Fonseca Mora. Él junto con Jürgen Mossack fundaron en 1986 en Panamá un bufete que, hoy por hoy, debido a la filtración de sus documentos y la importancia de sus clientes, debe ser el más famoso del mundo.
De don Jürgen se sabe poco y nada. Nació en Alemania en 1948, emigró con sus padres a Panamá a inicios de la década del 60 y se graduó en la Universidad Santa María. Según el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés) su papá era miembro de las SS.
En cambio don Ramón Fonseca Mora es un personaje público: en Internet abundan artículos, videos y fotos sobre sus múltiples actividades.
Apenas un poco menor que su socio, se ha dedicado tanto a la política (era ministro consejero del gobierno del presidente panameño Juan Carlos Varela hasta marzo) como a la literatura, a la filantropía y… al derecho, suponemos, dado el éxito con su clientela.
Lo que más sorprende es su carrera literaria. Ganó en dos ocasiones el certamen de literatura más antiguo de Panamá, el Premio “Ricardo Miró”, con “La danza de las mariposas” y “Soñar con la ciudad”.
La primera novela “plantea la estrecha relación entre el poder y la moral en el Panamá actual”, según decía en su página web hoy de imposible acceso. ¿Será que don Ramón conoce esa relación de primera mano?
La segunda, publicada por Alfaguara, podría convertirse en un largometraje: en 2014, dos compañías productoras de Panamá y República Dominicana ganaron un apoyo de Ibermedia para la realización de la película. Con lo que les cuesta a los cineastas conseguir apoyo, ¿el licenciado Fonseca no podría financiar su historia? Digo, con el patrocinio de un par de clientes.
Alfaguara también editó su best seller “Ojitos de ángel”, cuya sinopsis oficial inicia así: “Toda su vida don Julio ha estado rodeado de lujos que lo han convertido en una persona intolerante y prepotente, cuya única preocupación es aumentar su fortuna”. ¡Tan feo eso de ser avaro y acumulador! El señor Fonseca tal vez tuvo la oportunidad de conocer a algunos seres así de desagradables.
Es increíble cómo don Ramón ha tenido tiempo en su vida para construir un emporio legal-económico, participar en política y, sobre todo, escribir. Porque, como bien decía Goethe, “escribir es un ocio muy trabajoso”. No solo requiere de talento y/o imaginación: requiere de tiempo, de “horas silla”.
Y uno se pregunta a qué horas, con qué tiempo, el señor Fonseca escribió tanto. Aunque, bueno, ghost writers o negros literarios (según su incorrecta versión en español) siempre han existido.

Claudia Barrionuevo
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