Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 7 Octubre, 2010


Vericuetos
Un nuevo escándalo bolivariano


Tal parece que vienen días aciagos para Hugo Chávez, quien no acabaría de reponerse de su reciente “victoria” electoral, con claro sabor a derrota, que le propinó la coalición de oposición en días pasados, cuando la sombra de un nuevo escándalo internacional se cierne sobre Miraflores.
Resulta que dos etarras confesos detenidos en esta semana en España reconocieron ante el Juez de la Audiencia Nacional haber recibido entrenamiento en tácticas terroristas en territorio venezolano.
Según su declaración, Xabier Atristain y Juan Carlos Besance, presuntos miembros del comando Imanol, llegaron al territorio de Chávez en el verano de 2008, donde fueron recibidos y acogidos por Arturo Cubillas Fontán, reconocido por el gobierno y las autoridades españolas como miembro de ETA y quien, a pesar de las gestiones de extradición promovidas por Madrid desde 1985, se ha convertido en el flamante jefe de seguridad del Instituto Nacional de Tierras del Gobierno bolivariano.
En Venezuela, Atristain y Besance reconocen haber sido entrenados en electrónica, montaje de explosivos y en prácticas de tiro por otros dos reconocidos etarras, José Lorenzo Ayestarán Legorburu, e Iurgi Mendinueta, ambos detenidos en Francia, así como por otros distinguidos “profesores”, miembros de la academia del terror y la guerrilla.
El 21 de setiembre pasado, antes de la declaración de tan aventajados discípulos, el Juez a cargo de la instrucción del proceso en su contra había ordenado a la Policía española viajar a Colombia a interrogar a nueve ex miembros arrepentidos de las FARC, en particular sobre la existencia de vínculos entre Caracas y la ETA, misión ampliada ahora a la recolección de información oficial sobre el contenido de las 21 computadoras recuperadas del ataque en el que murió el “Mono Jojoy”.
El cuento no augura un final feliz para Chávez, quien en apariencia y al tenor de lo declarado por los etarras detenidos, se hacía de la vista gorda ante las actividades de los radicales españoles, ni para el presidente Rodríguez Zapatero y su canciller Miguel Angel Moratinos, a quien la recalcitrante oposición del Partido Popular de Mariano Rajoy disparan ahora dardos de fuego por no asumir una posición más categórica en el tema. No hay que dejar de lado que España acaba de colocar una importante venta de armas a las fuerzas armadas venezolanas y que la Moncloa ha realizado esfuerzos por reconducir las relaciones con Miraflores en la ruta de la cordialidad. Claro que está que la “cordialidad” que se pueda esperar de Chávez dista mucho de tener un contenido de franqueza y sinceridad.
Después de la huelga general de la semana pasada, lo que menos le conviene a Zapatero es abrir un nuevo frente de críticas de su creciente oposición, sobre todo en consideración a un tema de tantísima sensibilidad como el de la banda terrorista en España, tema en el cual, no solo por razones de seguridad nacional, sino en particular por respeto a la memoria de las víctimas y al dolor de sus familiares, la diplomacia española debe actuar con mucha más fuerza y contundencia.
Venezuela esta, dicen las fuentes de inteligencia ibéricas, dando cobijo a la ETA y ésta continúa representando la mayor amenaza y la principal preocupación de los españoles.
Está claro que ante este tipo de situaciones, lo que menos se puede ser es diplomático ni blandengue.

Tomás Nassar