David Gutierrez

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Martes 28 Octubre, 2014

A favor o no de Piketty, su obra nos hace reflexionar acerca de las respuestas que las naciones demos para resolver la desigualdad y fortalecer la democracia


¿Un impuesto mundial al capital?

Hace un año se publicó “El capital en el siglo XXI” de Thomas Piketty, reconocido investigador académico en el campo de la concentración de riqueza y director de estudios de la École des Hautes Etudes en Sciencies Sociales.
A la fecha, esta obra es una de las más famosas y reconocidas acerca del análisis histórico-económico desde el inicio de la crisis financiera mundial, y en sus casi mil páginas desarrolla una investigación de más de 15 años.
El argumento principal es que, en el actual sistema económico, la riqueza heredada siempre tendrá más valor que lo que un individuo pueda ganar en una vida, por lo que el capitalismo es incompatible con la democracia y la justicia social.
Para Piketty, mientras los rendimientos del capital aumenten más que el crecimiento económico de un país se incrementará la desigualdad. ¿Cómo sugiere solucionarlo? Con la creación de un impuesto mundial de un 80% a la riqueza y al capital.
El libro ha tenido un efecto importante, siendo analizado por la prensa, académicos, económicos y políticos. Algunas de las críticas, comprensiblemente vienen de sectores de la derecha, que califican de marxista al autor. Otras, como la del diario Financial Times, consideran deficiente su investigación.
De igual forma, hay quienes critican la solución por medio de la creación de impuestos confiscatorios, que generan un desestímulo en la producción económica, con lo que el resultado es una reducción real del producto social a repartir. Pero otros, como el reconocido Larry Summers, lo aplauden y piden que se le otorgue el Nobel de Economía.
Parte del análisis considera que en Estados Unidos el ingreso medio de los últimos 40 años se mantiene similar, mientras que el 1% de la población, e incluso el 0,1%, ha aumentado sus ingresos de forma dramática en ese lapso. De igual forma, hay salarios que crecieron tanto que hoy el promedio del ingreso de un CEO estadounidense es 331 veces más alto que el de sus empleados.
Por otra parte, ¿cómo estamos en Costa Rica?
A pesar de lo que se dice y repite, nuestro país no es más desigual hoy que hace diez años. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) dio a conocer que en 2013 la distribución del ingreso fue prácticamente igual que en 2004.
Medido como acumulación de ingresos entre el 20% más adinerado de la sociedad y el 20% más pobre, la situación del país es prácticamente la misma en 2013 y 2004. Con unos leves cambios en los decimales, el grupo de mayor ingreso acumulaba el 52% en ambos años, y el 20% un 4,7%.
Pero la Costa Rica de 2013 sí es más desigual que la de 1988, por lo que se deben implementar las acciones que permitan mejorar el nivel educativo e incentivar más empleos en el sector privado, herramientas fundamentales para combatir la pobreza mejorar las condiciones de vida.
A favor o no de Piketty, su obra nos hace reflexionar más acerca de las respuestas que las naciones demos para resolver la desigualdad y fortalecer la democracia.

David Gutiérrez Swanson

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