Mónica Araya

Mónica Araya

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Miércoles 2 Marzo, 2016

 No podemos hablar o señalar a otros organismos o instituciones sin hablar de nuestro propio entorno

Un grito al cielo

Fueron muchos los espectadores de los ya famosos y esperados Óscar. Los vestidos, joyas, premios eran el festín de la mayoría. Sin embargo, no se puede negar que muchos seguidores quedaron atónitos con la premiación de la mejor película del año. Los números en redes sociales y otros medios importantes apostaban por “Mad Max”, la cual había ganado la mayoría de los premios; por “Revenant” ya que era justo a pesar de que no fuera del agrado de muchos, pero la fotografía maravillosa y su director mexicano ganador dos años consecutivos del mismo premio y un mejor actor al que se esperaba que finalmente le dieran la apreciada estatuilla, luego de varias nominaciones y grandes esfuerzos. Otros apostaban por “The Danish Girl” por el mensaje claro de lucha continua en todos los ámbitos de los homosexuales y transexuales por ser aceptados tal y como son.
La sorpresa de la noche vino definitivamente al final del programa cuando le dan el mejor de los premios a “Spotlight”; una de las varias películas dedicadas a temas de la vida real, pero especialmente dando tributo al reportaje investigativo, a la labor necesaria de un equipo de reporteros que logran con gran tenacidad enfrentarse a las adversidades de un poder y un silencio estructural en contra de cientos de víctimas de abuso sexual, abuso de confianza, de poder y mucho más. El silencio de la institución que debe ser quien dé el ejemplo y la responsabilidad que tenemos todos de no quedarnos callados y denunciar para que no haya más víctimas. ¡En especial, niños! Desvela una realidad trágica que aún no ha tenido una solución digna, si es que la puede haber, para las víctimas de tal atrocidad y la erradicación y concientización de una verdad dolorosa.


Una de las canciones también nominadas y que fue interpretada en medio de la premiación por Lady Gaga expresa de nuevo un grito más que al cielo a todos nosotros. Una dramatización en escena con personajes marcados en su brazo derecho representando cómo quedan marcados de por vida las víctimas de violencia sexual.
Como lo expresé en mi artículo anterior, la violencia no solo es física o verbal y participan de ella también los que guardan silencio. Hoy estamos teniendo en nuestro propio país casos que demuestran que este problema se nos ha salido de las manos y la ineptitud del Estado por velar por la seguridad de las víctimas y aún más de la prevención de los delitos. No podemos hablar o señalar a otros organismos o instituciones sin hablar de nuestro propio entorno. La impunidad es una llaga viva para aquellos pocos que logran enfrentar su dolor y vergüenza con valentía para acusar a sus agresores y una confirmación para quienes se silencian y deciden no pasar por el proceso; fortalece la duda en la efectividad del sistema, fortaleciendo el ego del agresor y multiplicando el número de víctimas.

Mónica Araya