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Lunes 7 Septiembre, 2009


Un futuro…


Después de la tormenta… viene la planificación con mesura para continuar la competitividad de las empresas. En los pasados días fuimos testigos de una serie de informaciones que nos brindaron los medios de comunicación acerca de la premisa de que la actual crisis financiera mundial empieza a ser historia, y para muchos ejecutivos, el panorama que se visualiza es similar al cierre de años pasados, cuando la bonanza era característica de las economías mundiales.
Sin embargo, por más que nos emocione la idea de que la crisis va camino a la historia, los tomadores de decisiones de las empresas deben canalizar sus decisiones a través de la palabra fértil: planificación.
La mezcla idónea (muchos la llamamos la “fórmula”) para cumplir con esa palabra fértil es una combinación de la claridad de objetivos alcanzables y su respectivo tiempo de ejecución.
En muchas ocasiones, los ejecutivos responsables del camino de la empresa se orientan a definir objetivos sumamente competitivos para la realidad de la empresa, los cuales generan una dependencia de las áreas de la organización, como más recursos humanos y financieros para alcanzarlos, obviando objetivos competitivos más ágiles por alcanzar y en menor tiempo, cuyos resultados permitan abonar para un crecimiento constante.
Es fundamental considerar que el tiempo actualmente se redujo de manera acelerada, debido a las exigencias financieras de facturar y mantener un nivel idóneo de liquidez, lo que conlleva a que el largo plazo en la definición de los objetivos se reduzca a un mediano periodo o, incluso, a un corto plazo.
La planificación no puede basarse en el camino que la competencia directa o indirecta esté tomando. Se deben valorar las acciones y reacciones en el mercado de atracción como parámetros de seguimiento, pero analizando la capacidad propia de nuestras empresas y los recursos con los que se cuenta.
Dicho análisis debe reflejarse en el presupuesto anual, en el cual las prioridades deben estar implícitas por cada objetivo estratégico y generar planes de contingencias, que permitan un margen de acción ante posibles eventualidades.
Además, es relevante que las empresas conozcan las capacidades de sus equipos de trabajo, con el objetivo de aprovechar el recurso humano con el que ya cuentan, y redirigir el recurso financiero a la adquisición de tecnología, que a su vez se refleje en una capacidad de respuesta más competitiva.

Consultor empresarial
Independiente
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