Leopoldo Barrionuevo

Enviar
Sábado 5 Septiembre, 2009


Un ejemplo: Uruguay


Malos vientos pueblan a Suramérica y a diario sabemos de noticias que nos estrujan el corazón y pueblan los medios de hechos y proclamas que van convirtiéndose en gritos y como decía Leonardo Da Vinci, “Dove si grida non é vera scienza” (el que grita no tiene razón), porque vociferar ha sido el deporte de los demagogos a través de la historia y “el grito es el preámbulo sonoro de la agresión, el combate, la matanza”, señalaba Ortega y Gasset en 1939.
Muchos consideraron a Hitler un payaso que pasaría como tal, sin pena ni gloria ni mayores consecuencias y se deslizaría por la historia de Europa y no hicieron nada hasta que millones de vidas fueron segadas por sus locuras. Y bien, América del Sur se está envolviendo en una carrera armamentista, en odios no disimulados entre sus líderes políticos, en estúpidas reyertas de imperialismo de cuarta para ver quién dura más en el poder. Retornando al Ortega del pensamiento, no al vecino del Norte, don José denunciaba —hace 70 años— a los demagogos “quienes hostigan a los hombres para que no reflexionen, los mantienen hacinados en muchedumbres y el espacio se puebla de crímenes, pierde precio la vida de los hombres y se practican todas las formas de la violencia y del despojo, sobre todo del despojo”.
Sin embargo, en medio de la alteración y la sinrazón, hay pequeñas democracias que se distinguen por el mérito de su educación y su visión de futuro, alejadas de la constante provocación del ruido de las armas: Costa Rica y Uruguay son similares en muchos aspectos. Costa Rica tiene algo más de 4 millones de habitantes contra poco más de tres y medio de los uruguayos, pero la superficie de Uruguay es tres veces mayor que la de Costa Rica y más habitable porque no posee una selva impenetrable ni cordilleras como Costa Rica, sino que su territorio es pura pampa bañada por hermosas playas del Océano Atlántico y por el estuario del Plata.
En este mes, justamente, el proyecto de Nicholas Negroponte “una latop para cada niño” , gracias a la decisión del presidente Tabaré Vázquez, hizo efectivo un proyecto del presidente Arias que no llegó a concretarse oportunamente en Costa Rica y que convierte al Uruguay en el primer país del mundo en el cual la totalidad de sus 260 mil niños en edad escolar son propietarios de 260 mil latops portátiles conectadas a Internet de alta velocidad y banda ancha que se entregaron a un ritmo de 1.500 diarias, en menos de un año, incluyendo a los docentes e indirectamente a los padres a quienes los botijas (güilas, pibes, patojos) les enseñan a usar. No hay robos ni pérdidas: un sistema de control remoto las desactiva y las hace inútiles.
Las portátiles vienen cargadas con hasta 200 libros de todo tipo, escogidos por país y esto permite un ahorro en textos que contribuye a la financiación del proyecto. Siempre dije que en el mundo actual no se puede estar ausente del lenguaje contemporáneo y futuro, así que mientras otros buscan financiar guerras, los uruguayos deben estar orgullosos de permitir que un ahorro de dinero facilite la financiación de la cultura, el desarrollo y la educación por una cifra ridícula, como lo son $30 millones.
Comparto ese orgullo porque amo y respeto ese pequeño y ejemplar país, aunque no sea más que un permanente turista de esa tierra ejemplar. Rodrigo Arboleda, colaborador de Negroponte, en este proyecto, dice que el Presidente uruguayo, por ser médico, ha vacunado a su país contra el virus de la ignorancia.

[email protected]