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Ahora le corresponderá al presidente Solís nombrar a un jerarca con las cualidades que necesita un buen ministro de la Presidencia: hábil comunicador, experto del juego político, respetado, y sobre todo, un negociador que lleve a buen puerto las iniciativas del Poder Ejecutivo


Un desgaste innecesario

Casi un año le tomó al Presidente Solís destituir a su hombre de confianza, un ministro sin habilidades políticas, capacidad de consenso o cualidades comunicativas ante la prensa.
Melvin Jiménez fue el pararrayos de Presidencia. Todos los dedos apuntaban en su dirección cuando las polémicas salieron a la luz.
Desde el controversial proyecto de un estado pluriconfesional, contrario a la iniciativa de estado laico que defendía el gobierno en campaña, hasta el supuesto ofrecimiento de embajadas, Jiménez fue un ruido innecesario al trabajo del Gobierno.
Sin embargo, su combustible político no dio para más, cuando la imagen del mismo mandatario se estaba viendo afectada por sus acciones y omisiones.
A pesar de que ya Jiménez dejó el puesto y que en principio esto acallaría las críticas, no debe olvidarse el último y lamentable episodio que protagonizó el exministro.
La tentativa de restringir la libertad de la prensa, por descuido o alevosía con el proyecto de radiodifusión que impulsó esta administración, debe ser aclarada. A estas alturas, tres jerarcas del Gobierno dejaron el cargo, y no sabemos a ciencia cierta quién fue el responsable de esa iniciativa, propia de un régimen dictatorial.
En ese sentido, la salida de Jiménez del Gobierno es el elemento distractor adecuado para desviar la atención sobre este capital punto; sin embargo, aún queda mucha tela que cortar en este tema.
Al margen de esto, es importante señalar que una encuesta de Cid Gallup para LA REPÚBLICA reveló que la administración de Luis Guillermo Solís recibió la tercera nota más baja en sus primeros ocho meses de gestión, en comparación con los últimos diez mandatarios.
El mismo informe destacó a Jiménez como el ministro con la peor calificación de esta administración.
El exministro de la Presidencia ha roto las comunicaciones entre Zapote y Cuesta de Moras y también rompió puentes con la prensa, en lugar de tenderlos.
Ahora le corresponderá al presidente Solís nombrar a un jerarca con las cualidades que necesita un buen ministro de la Presidencia: hábil comunicador, experto del juego político, respetado, y sobre todo, un negociador que lleve a buen puerto las iniciativas del Poder Ejecutivo.
Luis Guillermo Solís dará a conocer al relevo de Jiménez hoy mismo, lo pudo hacer mucho antes, cuando se lo hicieron ver los mismos diputados de su partido y la oposición.
Solo el tiempo permitirá dimensionar cuánto daño le ocasionó a la gestión de Solís la permanencia de un jerarca a quien el traje le quedó grande.

 

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