Bruno Stagno

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Lunes 1 Julio, 2013

En reiteradas ocasiones en el pasado Nicaragua ha anunciado otras rutas para luego regresar al San Juan. Hay que mantenerse alerta sobre los designios de Managua en dicha cuenca


Un canal de misterios

Si bien el aparente abandono de la cuenca del río San Juan como primera opción para el mítico Canal de Nicaragua es en principio una buena noticia para nuestra frontera, en reiteradas ocasiones en el pasado Nicaragua ha anunciado otras rutas para luego regresar al San Juan. Por lo tanto, hasta que no inicien los trabajos de excavación, si es que inician algún día, hay que mantenerse alerta sobre los designios de Managua en dicha cuenca.
En estas tierras del realismo mágico, Managua es capaz de pasar de una acequia de 200 metros abierta a pico y pala por un exguerrillero comandando una cuadrilla de peones a anunciar unos meses después la concesión de un proyecto de canal de unos 280 kilómetros de largo valorado en $40 mil millones.
En la medida que el primer proyecto era risible, el segundo resulta increíble. Sin embargo, por más enigmática que resulte la empresa HKND líder del proyecto —y ahora feliz propietaria de la concesión otorgada por la Asamblea Nacional de Nicaragua el pasado 13 de junio—, ha contratado a un ex alto funcionario de Leighton Holdings, una empresa de ingeniería con ingresos en 2012 de $18 mil millones, y subcontratado los servicios de empresas de consultoría de cierta envergadura (McLarty and Associates, McKinsey, Environmental Resources Management) para darse aires de seriedad.
El anunciado canal a estas alturas puede ser una de muchas cosas: un proyecto fantasma para servir de cortina de humo ante el fracaso ingenieril de la cuadrilla de peones de Edén Pastora en los lodos del San Juan, o ante una nueva expropiación de tierras a ser repartidas entre la cleptocracia del Frente Sandinista. Un reto geopolítico de la República Popular China a los últimos vestigios de la Doctrina Monroe en el patio trasero de Estados Unidos, o un intento por sacar concesiones bilaterales de Panamá de parte del principal usuario del Canal de Panamá.
Un proyecto que legítimamente apuesta a una creciente demanda de transporte marítimo a través del istmo no obstante la ampliación del Canal de Panamá y la no muy distante apertura del Océano Ártico producto del calentamiento global o una ingeniosa pirámide financiera que eventualmente hará a algunos tiburones ricos a expensas de los peces menores. O, incluso, varias o todas las opciones anteriores y otras.
En 1504, el canal sobre el río Arno resultó ser un proyecto de papel a pesar del concurso de dos de las mentes más privilegiadas del renacimiento, Leonardo da Vinci y Niccolo Machiavelli. En 1914, sin embargo, el Canal de Panamá se inauguró gracias a la astucia y perseverancia de un ingeniero que creyó en el proyecto con más fuerza aún que el propio Ferdinand de Lesseps.
Es hora que estemos alertas a quién puede ser el Philippe Bunau-Varilla de nuestros tiempos en Nicaragua, cruzando los dedos para que no aparezca. (Al respecto, recomiendo la magnífica novela histórica Yo tomé Panamá escrita por Rodolfo M. Leitón.)

Bruno Stagno Ugarte