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Pareciera que hemos vivido la última década, al menos, como si los efectos del cambio climático no fueran a alcanzarnos. Sin embargo, el agro ya sufre las consecuencias de la falta de previsiones


Un asunto de todos, no solo de ecologistas

Los paperos y cebolleros de Cartago parece que están perdiendo sus cosechas por causa de la sequía.
Hasta no hace mucho tiempo cuando se hablaba de cambio climático solía verse el tema como un asunto de los ecologistas.
La realidad es que si bien el tema era estudiado y alertado por los ecologistas del mundo, debió haberse convertido hace años en tema político de primer orden en nuestro país.
Siempre se supo que las naciones más pobres y menos desarrolladas serían las que más sufrirían las consecuencias de la acción humana contra el planeta y su ambiente.
Se sabía que la población de Costa Rica podía llegar a tener problemas de falta de suficiente agua potable, así como se sabía también que el sector agropecuario se podía ver seriamente afectado.
Hoy los que siembran papa y cebolla en Cartago ven perderse sus cosechas por falta de agua para riegos, pero muchos otros problemas agrarios pueden sumarse a esta noticia en diferentes lugares del país.
El cambio climático puede cambiar las condiciones actuales de muchas zonas dedicadas tradicionalmente a ciertos cultivos o a la ganadería (que requiere muchas hectáreas de pastos para alimentación del ganado), pero los problemas hubieran sido menores si a tiempo se hubiera informado y asesorado al sector para que realizara cambios en ciertos casos y tomara algunas medidas al menos cuando fuera posible.
Se calcula que el llamado fenómeno El Niño será de fuertes consecuencias este año. ¿Qué medidas debieron haberse tomado para enfrentarlo de la mejor forma posible? ¿Qué medidas pueden tomarse ahora ante su cercanía?
Un país como el nuestro, que no ha venido dirigiéndose para prevenir los problemas sino para apagar incendios, tendrá ahora que pagar más cara la falta de adecuada toma de decisiones a tiempo.
A pesar de ello, al Gobierno entrante le corresponderá analizar qué se puede hacer e intentarlo. Pero el país deberá tener claro que es mucho más difícil salir a flote ante el descuidado panorama.
Pareciera que hemos vivido la última década, al menos, como si los efectos del cambio climático no fueran a alcanzarnos. Algo que no puede atribuirse a desconocimiento porque la información ha estado siempre disponible en el mundo por parte de quienes sí se han estado ocupando de estudiar el asunto.
Hoy sin embargo ya nada se puede hacer por lo que no se previó en el pasado. Pero es posible emprender las tareas ahora para minimizar las consecuencias de un cambio climático que no hemos elegido y al cual muy poco hemos contribuido pero en mayor medida nos afecta y afectará a futuro.

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