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Domingo, 16 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Un remolino político

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 05 diciembre, 2018


Pizarrón

Estamos a punto de terminar el año 2018, y a punto de terminar los primeros ocho meses del gobierno de Carlos Alvarado Quesada, igualmente estamos a un año del proceso de elecciones de los 82 cantones y sus alcaldes.

El tiempo vuela, y casi ni nos percatamos de ello, o no tenemos conciencia de la velocidad de los acontecimientos. Sucesos especiales, como las protestas que ha habido contra el Proyecto de Ley de la Reforma Fiscal, su discusión y aprobación parlamentaria, pasando por la Sala IV, y por la firma del Poder Ejecutivo, la misma noche en que se aprobó en segunda votación, en la Asamblea Legislativa, son muestras de los tiempos acelerados que vivimos.

Políticamente también hay cambios en el escenario nacional que atontan a algunas personas, que no pueden ver, ni entender, ni asimilar con claridad la crudeza de los mismos eventos y la importancia de ellos.

En primer lugar, destaca la naturaleza del gobierno de unidad nacional que hasta ahora viene funcionando, para el Poder Ejecutivo, con pasos firmes. La variedad de personajes que allí participan, de distintas tiendas políticas, aunque no haya formalmente una coalición de gobierno en sentido estricto, es un hecho que ha generado una confianza en el manejo del Poder Ejecutivo como nunca antes se había hecho, con un gobierno con una integración política como esta.

Los representantes de los partidos tradicionales que allí participan sin lugar a dudas han creado las condiciones favorables, también, para las alianzas estratégicas que se tejieron alrededor de la discusión de la aprobación de la Reforma Fiscal. Incluso la presencia en el gabinete de la presidenta del Frente Amplio, y Ministra de la Mujer, que de una u otra manera, a pesar de poder disentir en su intimidad sobre la Reforma Fiscal, y de haber manifestado públicamente cierto malestar, al quedarse en el gabinete avaló toda la gestión que desde allí se condujo con éxito para su aprobación, al tiempo que su diputado estaba en contra de la Reforma Fiscal, mandando señales contradictorias a sus simpatizantes, que no sabían para dónde ver, si hacia el gabinete o hacia la diputación.

En el fondo esto es una escuela de aprendizaje político para todas las fuerzas políticas, y especialmente para las fuerzas de izquierda, por pequeñas que sean, si quieren participar de procesos democráticos amplios, como este que está en marcha, donde hay que saber conciliar en muchos aspectos.

Políticamente sigue existiendo el reto de las próximas elecciones municipales, de febrero de 2020, donde se pondrán en tensión todos los partidos políticos nacionales, provinciales y cantonales, y las posibilidades de coaliciones electorales con miras a esas elecciones, especialmente la posible gran coalición que resultare del esfuerzo del Gobierno de Unidad Nacional que pudiera llegar a formularse en una similar coalición para las municipales, con lo que podría irse avanzando a la constitución de dos o tres grandes bloques electorales, que resulten de otras posibles coaliciones electorales, especialmente, para las elecciones nacionales de 2022.

En esta gestión política del gobierno en lo que hasta ahora se ha avanzado, al menos en el trabajo parlamentario, sin lugar a dudas destaca el fino, cauteloso y discreto trabajo que ha realizado el ministro de la Presidencia, Rodolfo Piza, que ha demostrado ser un gran ministro en estos meses, no sin ser criticado y haberse convertido en el blanco de los opositores al gobierno, en el Proyecto de Reforma Fiscal, y de hasta haberlo pintado como el presidente efectivo tratando de disminuirle el papel al presidente Alvarado, o de haber intentado con ello crear fisuras en el gabinete que no existen. Lo cierto es que el presidente Alvarado con mayor discreción, pero con paso firme, está a cargo del timón nacional y lo hace sentir. Quienes se mantengan en la tesis de exaltar al Ministro sobre el Presidente, en su gestión de mando, cometen un error estratégico y táctico. En su enceguecimiento perverso contra el Presidente mientras atacan al Ministro el Presidente avanza…

En el trabajo parlamentario también destaca esta Asamblea Legislativa, a diferencia de las anteriores e inmediatas. Hasta ahora ha demostrado más eficiencia y eficacia en su trabajo, más capacidad de que sus diputados puedan concitar acuerdos, no solo como el de la Reforma Fiscal, sino especialmente el que se ha tejido alrededor de las posibles reformas al Reglamento Legislativo con lo cual se aligerará el trámite de la aprobación de leyes y la posibilidad de que las mayorías parlamentarias puedan tomar los acuerdos y aprobar las leyes que se necesiten en el país, limitando el filibusterismo parlamentario que hasta ahora ha prevalecido en la práctica legislativa.

En las fuerzas políticas el quiebre de Restauración Nacional, que tiene 14 diputados, que era la segunda fracción legislativa por su número de diputados, no ha hecho más que evidenciar su ruptura, que en el interior de esta fuerza pentecostal, las dos tendencias actuales, poco se diferencian entre sí. Pero, lo que destaca, al menos en el campo de la nueva tendencia que surgió, la de los Hermanos Separados denominada Partido de la Nueva República, dirigida por Fabricio Alvarado, es una tendencia más populista y oportunista, y poco confiable, lo que se evidenció en el proceso de la aprobación de la Reforma Fiscal.

En el caso de Fabricio Alvarado, cuando fue candidato en la segunda ronda, especialmente, entendió que el país no podía continuar sin una Reforma Fiscal como la que estaba ya propuesta en el expediente 20.580, reforma que avaló, y que aceptó impulsar cuando el equipo económico del Partido Liberación Nacional le dio su apoyo, como lo hizo el equipo económico de la Unidad Social Cristiana a Carlos Alvarado.

En el caso del Partido Liberación Nacional ese equipo estaba jefeado por ese extraordinario funcionario público que fue Édgar Ayales, preocupado desde el gobierno de Laura Chinchilla por este gran tema. En lecho de muerte de Édgar Ayales el candidato Fabricio Alvarado se comprometió con él a impulsar esa Reforma, que terminó rechazándola por oportunismo, por posturas populistas que está adoptando, y por el asesoramiento que recibió de un diputado minoritario opositor a la misma, que asesoraba y usaba, como fuerza opositora a la Reforma Fiscal, a todos los diputados pentecostales, poniendo en evidencia que su palabra no vale, situación que también le han hecho ver miembros del Partido Liberación Nacional que le dieron apoyo con ese compromiso.

Fabricio así demuestra entrar a ese campo político donde los políticos dicen una cosa y hacen otra, donde comprometen su palabra y no la cumplen, donde quienes se le sumen o acerquen políticamente no pueden confiar en él… porque les puede decir una cosa y actuar de otra manera.

En los movimientos sociales, especialmente en los movimientos sindicales, la situación que ha girado alrededor de esta lucha contra la Reforma Fiscal, lejos de fortalecerlos como organizaciones sindicales, los ha debilitado. Los dirigentes sindicales fueron los más maltrechos cuando su propias bases los desautorizaron. El ultrademocratismo puesto en la práctica para la toma de decisiones trasladó el poder de toma de decisiones de los dirigentes a las masas, casi en una forma anarquista de organización, señalando claramente que en proceso de negociaciones futuras casi no hay posibilidad de los mismos si todo tiene que ser consultado y avalado de esa manera. Evidenciaron no tener dirigentes capaces, idóneos, respetables, con facultad de poder tomar decisiones.

La desconfianza generada entre los mismos dirigentes sindicales, cuando llegaron 22 a negociaciones con el gobierno, evidenciaba la debilidad estructural de ese movimiento sindical y social. Demostraba a la vez la desconfianza que se tenía entre ellos, dos por cada sindicato en la negociación, 22 en su conjunto, sin capacidad de hablar, de oír y de ver… y sobre todo de decidir.

No hay que engañarse en cuanto a la insistencia de los sindicatos magisteriales de mantenerse en paro, junto con los dirigentes de la ANEP, cuando todo el resto de los trabajadores movilizados se han integrado a sus trabajos y han depuesto sus paros laborales. Esta protesta ha puesto en evidencia cómo el rabo del perro mueve la cabeza de can y al mismo perro. El sindicato más débil de los que teóricamente participaron fue el conductor y el vocero de este movimiento. Los sindicatos fuertes, los magisteriales, los que financiaron esa lucha, quedaron a la sombra, y a la cola, pagando la consecuencias de un paro mal dirigido.

Moralmente algunos dirigentes sindicales se evidenciaron en esta lucha. Algunas dirigentes magisteriales dieron declaraciones, durante los días de paro laboral de colegios y escuelas, y posterior a ellos, de que sus hijos o nietos iban a la escuela o colegios privados. Uno de los dirigentes sindicales del magisterio, representante en la Junta Directiva del Banco Popular y de su financiera, asistió a las sesiones de Junta directiva, para no perder el pago de las dietas, mientras el grueso de los maestros y profesores estaban amenazados, y continúan bajo la amenaza de que si se declara la ilegalidad de su movimiento, se les puedan hacer las rebajas de sus salarios por el tiempo no laborado, mientras que a él le pagarán su asistencia a las reuniones de Junta Directiva, abandonando la huelga para ir a estas sesiones.

Por otro lado, trabajadores en paro laboral aprovecharon para salir del país a vacacionar, lo que les está causando ya a algunos el despido laboral y a otros los mantienen en estudio para sancionarlos igual.

En cuanto a los directores interinos que cerraron los colegios y escuelas, obligando con ello a que sus maestros y profesores, a la fuerza participaran del paro, ya están tomándose las medidas para sustituirlos.

El terrorista que intentó un acto de indescriptibles consecuencias, que dichosamente no se dieron, en RECOPE, ya lo condenaron a dos años de prisión, mandando señales claras frente a actos similares que puedan llegar a perpetuarse o intentarse en futuras luchas.

En el caso del Colegio de Licenciados y Profesores, COLIPRO, el Ministerio de Educación ha denunciado y roto el convenio que tenía. Si COLIPRO había financiado con varios millones el movimiento de lucha de los maestros y profesores, y si este es declarado en toda su forma ilegal, es claro que financió un movimiento de lucha ilegal y quizá esto sea parte de ese reclamo del Ministerio de Educación. Pero también podría haber una corresponsabilidad de quienes aprobaron esos fondos, para que los paguen de sus peculios personales y no de las finanzas de COLIPRO.

Sindicalmente, los paros y la forma de la lucha política que impulsaron dirigentes sindicales han provocado, con razón, que se evidenciaran huecos en la legislación laboral vigente, y recién aprobada, lo que ha hecho que ya se formule, y se haya presentado un proyecto de ley, en conocimiento de las sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa, de estos meses de diciembre a abril, orientado a resolver esos huecos e inconsistencias manifiestas, en la legislación laboral, que se pusieron en evidencia hasta hoy, con los fallos, la duración y los alcances de los mismos.

Dirigentes como Albino Vargas, que se pensionó, o se acogió a su derecho de jubilación hace pocas semanas, se somete con ello a dejar la dirigencia sindical activa, o a que ya no se le tome como el vocero oficial de la ANEP, así como Fabio Chávez ya no se siente en el movimiento sindical del ICE, desde que también se acogió a su pensión. Habrá que esperar cuáles y quiénes serán los relevos de Albino Vargas.

Al frente de la ANEP, por la forma como ha venido planteando sus luchas, incluida esta contra la Reforma Fiscal, con su carácter político, más no laboral propiamente dicho, a mí se me parecía Albino a un Lech Wallesa enfrentado al gobierno de turno. Pensé, durante bastante tiempo, que él estaba preparando un camino similar con dificultades institucionales por nuestro desenvolvimiento democrático. En Polonia era más fácil encauzar esa lucha contra un gobierno comunista, dirigido por el Partido Comunista. En Costa Rica es más difícil encauzar una lucha similar cuando hay cambios de gobierno cada cuatro años, y cuando funciona un régimen de representación parlamentaria. Y hasta es más difícil cuando grupos sindicales, entre ellos ANEP, participan de alianzas estratégicas, con el gobierno del Partido de Acción Ciudadana, presidido por Luis Guillermo Solís, como fue el Pacto del Teatro Melico Salazar, que no condujo a un gobierno de representación política más popular, ni a reformas sociales sustanciales. O, de que el Partido Acción Ciudadana, al formular su intención electoral para 2018, haya planteado llevar en la Vicepresidencia a un dirigente sindical, sin saber ni imaginarse si iban a ganar o no, y quizá viendo lejana la posibilidad de triunfo. De allí, que frente al mismo Partido Acción Ciudadana, hoy con el presidente Carlos Alvarado, la ANEP, principalmente, lo acuse de formar parte del binomio clásico de Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, constituyendo hoy el trío malévolo de neoliberalismo gobernante, y lo acusen de haberse separado de esa línea social que apenas existía, en la mentalidad de estos dirigentes sindicales, como una tenue caricatura.

La lucha política contra un gobierno que viole la naturaleza de la representación popular, que rompa la armonía que debe haber entre el que recibe la voluntad popular y sus representantes, que altere violentamente el mandato de sus mandantes, que establezca una tiranía, una dictadura, un gobierno despótico, un gobierno autoritario, o que surja de un rompimiento del orden constitucional, es totalmente justa, y yo la defiendo y avalo, incluso con las armas en la mano si eso llegare a suceder. Pero, en Costa Rica no estamos en estas situaciones. Por ello, una lucha política como la que quisieron presentar los dirigentes sindicales en torno a la Reforma Fiscal iba directamente al fracaso. Su lucha contra el gobierno carecía de esos elementos políticos que la justificaran. Por ello era una lucha de origen fracasada. Si no resultó más estrepitosa fue por la buena voluntad y sentimientos democráticos de miembros del gabinete, y de quienes participaron en las negociaciones, por parte del gobierno, que no quisieron que salieran más afectados y más debilitados.

Aunque había diputados en contra del proyecto de Reforma Fiscal, los dirigentes sindicales y sus movimientos no tuvieron la inteligencia de apoyarlos con decisión y valentía, para haberlos convertido en verdaderas palancas contra la Reforma Fiscal, aunque la Reforma Fiscal se hubiera siempre aprobado. No lo hicieron por cálculo electoral. No les interesaba apoyar a los 14 diputados pentecostales porque era hacerlos una fracción y un partido fuerte frente a los futuros procesos electorales, y era fortalecerles su agenda conservadora en áreas como derechos humanos. Por eso, también esta era una lucha débil parlamentariamente para quienes, desde la calle, clamaban por posiciones claras de los diputados. Y los diputados sueltos, que estaban contra la Reforma Fiscal, tampoco les interesaba apoyarlos porque era apoyar indirectamente las organizaciones partidarias que ellos representaban, a muchos efectos conservadoras en derechos humanos y neoliberales en materia económica, y los dirigentes sindicales no se veían retratados en ninguno de ellos, ni siquiera en el del Frente Amplio, porque tenían a la Ministra de la Mujer comprometida en el Poder Ejecutivo con esta política que el gobierno de Carlos Alvarado impulsaba con decisión.

Antes de 1990 muchos dirigentes sindicales pertenecían a partidos políticos y actuaban en función de ellos. Organizaciones sindicales como tales habían sido fundadas y eran dirigidas por partidos políticos diferentes. Hoy no se da esta situación y los dirigentes sindicales actúan al margen, a favor o en contra de cualquier partido político gobernante según les convenga e interese, de una manera más anárquica y oportunista. Por eso sobresalen estas llamadas luchas políticas o huelgas políticas, porque en el fondo son de crítica contra el gobierno de turno, pero no para tumbarlo, destituirlo o luchar por sustituirlo. Para la destitución o cambio de gobierno los propios dirigentes sindicales se esperan para el primer domingo de febrero cada cuatro años.

Así, en los próximos días y meses hasta abril, estaremos ante un verdadero remolino político, que agitará las aguas electorales, las aguas sindicales y de los movimientos sociales, y de la institucionalidad nacional. Lo importante es tener buena barca, buen timonel y certeza de hacia donde ir, para estas aguas que hay que enfrentar.






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