Natalia Díaz

Natalia Díaz

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Miércoles 8 Marzo, 2017

Un cambio en la forma de pensar

Acontecimientos como los que hoy celebramos, nos brindan la oportunidad de evaluar los avances que como mujeres, hemos obtenido en la sociedad. El abrir un camino en la política, en la economía y en general, en el sector productivo, ha sido un proceso arduo; y eso lo sabemos las mujeres que hemos tenido que promovernos y demostrar calidad en nuestro desempeño, para ser consideradas en igualdad para el área profesional, económica y laboral.

Como mujer en el ámbito político, sé lo que significa recibir palabras o gestos de desaprobación por manifestar altas aspiraciones a sitios reservados al otro género; sin embargo, también he experimentado la satisfacción de haber logrado metas superiores, a partir del esfuerzo, la disciplina y la autoconfianza.

Las mujeres no somos una minoría, somos casi el 50% de la población costarricense, por lo que merecemos cambios que nos integren, no que nos excluyan. Y es que no es suficiente abrir más espacio a la participación de la mujer, sino que es necesario cambiar la forma de pensar de muchos, iniciando desde la educación de los niños. Si esto no se hace correctamente, la consecuencia será una lucha entre géneros y no la igualdad real como es el verdadero ideal de un Estado de derecho.

Durante mucho tiempo, las mujeres se beneficiaron de algunos derechos por extensión, al ser cónyuges de un hombre; o les fueron negados derechos, como el sufragio.
Es impensable, que en un país como el nuestro, defensor a ultranza de los derechos humanos, el voto femenino cuente con tan pocos años de existencia. He sido testigo del trato ofensivo de algunos, quienes en este momento de la historia, aún se preguntan si las mujeres merecemos los mismos derechos que los hombres y las mismas oportunidades de participación política. La igualdad y no la discriminación son elementales para comprender la vigencia del Estado de derecho; sin embargo, muchas veces, a lo interno de nuestras instituciones, prevalecen ideas retrógradas de discriminación.

En el área económica, la participación de la mujer ha sido trascendental para el desarrollo de los países. Nuestras economías, sobre todo las emergentes, necesitan ser construidas con la participación de todos, por lo que la discriminación por género no tiene asidero si queremos crecer como país. La democracia es plena, siempre que todos los ciudadanos sean escuchados de manera equitativa. No solo tenemos mucho que aportar, tenemos derecho a decidir.

No creo en la paridad de género obligada por una legislación, sino en la completa libertad de quienes eligen a los representantes populares. Considero que los electores son seres humanos pensantes y responsables, que no necesitan que se les imponga una cuota de género para llegar a elegir a las mujeres en posiciones de decisión.