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¿Podrían ser estos los pasos hacia una democracia más seria y madura, que exija a sus futuros gobernantes mucho más que vanas promesas y “pan y circo”?


¿Turbulencias o evolución?

Como vemos, la actual campaña política, ya desde el puro inicio se manifiesta como bastante atípica con respecto a lo que ha venido siendo la tradición o la costumbre en Costa Rica.
Los cambios se dan en dos ámbitos: en las cúpulas y dirigencias de los partidos políticos y en la actitud y las expectativas de los votantes.
Si se piensa en el bipartidismo (PLN – PUSC), y la presunción de que esa alternancia permitía cambios en aquello que hubiera fallado y mayor control sobre las finanzas públicas, esto se vino abajo cuando se dio lo que la gente llamó el PLUSC.
Surgieron entonces, en medio de una crisis de las cúpulas, una variedad de partidos con diferentes ideas,  unos más estables que otros, pero todos en fase de desarrollo, no consolidados verdaderamente con líderes fuertes al frente por varias campañas.
De ellos probablemente quedarían luego los más fuertes, pero esto aún no ha ocurrido, quizás eso esté en pleno proceso.
Por otro lado, en los votantes también se da un fenómeno que significa un cambio con respecto al anterior comportamiento de fidelidad de las familias y las personas a una bandera política.
Está variando aquella actitud de divertida competencia en las calles para ver quienes tocaban más las bocinas o lucían la bandera más grande.
En medio de la desilusión por los malos gobiernos, cuyas políticas tienen al país retrasado en muchos aspectos y con mayor pobreza y desigualdad, es probable que ni un partido ni un candidato goce de total fidelidad.
Más bien, se les pide que expongan sobre sus programas para un posible gobierno, pero sobre todo se les exige que expliquen cómo y con qué piensan desarrollarlos para ver si esto atendería verdaderamente sus principales problemas.
¿Podrían ser estos los pasos hacia una democracia más seria y más madura, que exija a sus futuros gobernantes mucho más que “pan y circo”?
Habrá que esperar. Pero quizás lo que pintaba como una deslucida y poco atractiva campaña política se torne en un estimulante ejercicio.
Si aparece una masa de votantes más conscientes de su poder en las urnas, deberán aparecer también partidos y líderes capaces de presentar buenos programas de gobiernos a toda esa gente, no como vanas promesas de campaña, sino como serias y viables propuestas.



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