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COLUMNISTAS


Troles versus la democracia de la calle

Marilyn Batista Márquez mbatista@batistacom.com | Viernes 19 agosto, 2022


En el 2020, la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, denunció que el Gobierno del presidente Nayib Bukele atacaba a periodistas con una vasta red de troles, cuando -en el ejercicio de su profesión y amparados en el derecho a la libertad de prensa- criticaban, cuestionaban o contradecían sus palabras.

La bandada de troles también se dirigía a cualquier ser humano o grupo que en redes osara hablar mal del presidente más “cool” de Centroamérica.

Esta estrategia de comunicación basada en el uso de troles para pretender callar a los disidentes, generar temor e intimidar a los detractores, e incitar a la redacción de abrumadores mensajes de odio por parte de sus seguidores (reales y ficticios) en las redes sociales, apoyó que Nayib Bukele obtuviera un 85% de aprobación de su gestión a febrero de 2022, de acuerdo con la firma investigadora CID-Gallup.

Nayib, tuvo a un importante maestro, Donald Trump, el expresidente de los Estados Unidos que presuntamente dio visto bueno al uso de troles rusos para influir en los resultados de las elecciones presidenciales en 2016, y que se mantuvieron funcionando durante todo su mandato, adaptados a nuevas estrategias y métodos.

Kathleen Hall Jamieson, una politóloga de la Universidad de Pensilvania, en un estudio que realizó sobre las elecciones en los Estados Unidos del 2016, asegura que los hackers, troles y bots “afectaron el contexto electoral y a los votantes” y aunque no duda de que Trump fue el presidente debidamente elegido de los Estados Unidos, la estrategia cibernética impactó los resultados de los comicios. Afirma la politóloga que el uso de troles en la política puede afectar cualquier otro punto donde se realicen elecciones democráticas.

El uso de los troles ya no es un tema fortuito. Existen agencias de marketing online especializadas en cómo crearlos, modificarlos, promover mensajes y hacerlos pasar por “humanos” para generar popularidad hacia determinado líder.

Estos troles trabajan mediante algoritmos tan precisos, que al identificar palabras como “presidente”, “prensa” y los nombres de los líderes que deben proteger, disparan en segundos diatribas contra sus presuntos “enemigos”, que son todos los que discrepan de sus palabras, acciones y pensamiento.

Para no ser denunciados y bloqueados por los dueños y administradores de las redes sociales, los expertos en la producción de troles jamás traspasan la línea de lo ilegal, pero sí la ética.

No obstante, los troles pueden ser atacados, desmentidos y desvalorados de la forma más arcaica y simple, con la denominada Democracia de la calle.

Esta voz ciudadana presencial, con seres humanos reales, fueron los que en el 2020, bajo el movimiento Black Lives Matter, organizó multitudinarias manifestaciones en diversas ciudades de Estados Unidos, repudiando la muerte de George Floyd, un ciudadano afroestadounidense muerto injustamente luego de ser arrestado por la policía de Mineápolis.

La Democracia de la calle fue la que pudimos presenciar esta semana, en la pasada manifestación pacífica de administradores, profesores, estudiantes y ciudadanía en general, en contra de la disminución de un 23% del Fondo Especial de Educación Superior (FEES), para el 2023.

Me tranquiliza que en Costa Rica no exista un Bukele que probablemente reprimiría con las fuerzas armadas a aquellos que ejerzan la Democracia de la calle, como lo hizo en el 2020, cuando introdujo al ejército en la Asamblea y amenazó con disolverla si los diputados no autorizaban la negociación de un préstamo de $109 millones.

Apreciados lectores, que los troles no nos silencien, que no sustituyan nuestra voz, que la libre expresión no quede en manos de algoritmos y de unos pocos; y cuando ya no podamos resistir los ataques virtuales infames, virulentos y avasalladores, entonces, ¡a la calle!

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