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Tricotomía

María Luisa Avila [email protected] | Jueves 02 agosto, 2012



Tricotomía

Irak año 2007. La lapidación de una chica de 17 años de la secta yazidí —una antigua minoría religiosa kurda que venera al Diablo— ha recrudecido la violencia en el norte de Irak. Doaa Aswad Dekhil se enamoró de un musulmán y se convirtió al islam con la intención de casarse con él.
De vuelta a casa, 2 mil personas de su pueblo, Bashika, cerca de la localidad de Mosul, observaron cómo un grupo de ocho o nueve hombres, presuntamente de su familia, la apedrearon hasta la muerte mientras un vecino anónimo grabó la escena con el teléfono móvil.
Costa Rica año 2012. La lapidación virtual de una mujer de 39 años de la secta funcionaria pública —un grupo político que gobierna el país— ha recrudecido la actividad en redes sociales y en medios de comunicación tradicionales de todo Costa Rica.
KaBo grabó un vídeo privado para compartir con su amado, con la intención de vivir su sexualidad con él.
De vuelta a casa, más de 4 millones de personas de su pueblo, Costa Rica, cerca de la localidad de Centroamérica, observaron como un grupo de decenas o cientos de personas, la apedrearon en redes sociales hasta la destitución.
Un individuo anónimo hizo público el vídeo, y muchos más —a manera de pedradas— lo reprodujeron en sus muros de facebook y en sus TL de tweeter.
La lapidación es un medio de ejecución muy antiguo, puede conducir a una muerte lenta y dolorosa. Se hace así con el fin de ocasionar un mayor sufrimiento en el condenado. Curiosamente las mujeres son las principales víctimas de esta tortura. A medida que los derechos humanos han ganado reconocimiento esta forma de ejecución se está abandonando progresivamente.
Sin embargo parece ser sustituida por “la pedrada” del escarnio público, donde sin piedad se agrede a la víctima en redes sociales y esta “pedrada” —muy dolorosa— cual agente infeccioso de alta virulencia se expande dentro y fuera de la comunidad donde se originó.
Afortunadamente, han sido muchas las voces que se alzaron contra esta nefasta práctica y han censurado severamente la acción, la violencia no puede tolerarse, sea esta real o virtual, ambas son muy destructivas.
La vida privada no debe ser tema de debate, no debe ser causa de muerte, de denigración o de destitución. Unamos nuestras voces en una sola y pidamos respeto y empatía hacia las víctimas, no engrosemos la lista de los lapidadores reales o virtuales.
Evolucionemos como sociedad y como seres humanos hacia el absoluto respeto por la vida de los demás.

María Luisa Avila

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