María Luisa Avila

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Jueves 26 Julio, 2012



Si queremos mejorar nuestros índices de salud, reducir la carga de las enfermedades crónicas asociadas al tabaquismo no podemos ser permisivos

Tricotomía

La aprobación de leyes antitabaco ha generado una amplia investigación para medir su impacto. La Sociedad Española de Epidemiología reportó una reducción de los niveles de humo del tabaco superior al 90%, consiguiendo reducir la exposición pasiva al humo del tabaco en la población no fumadora.
Esta reducción se tradujo en mejoras de la salud respiratoria y cardiovascular, reducción en los ataques de asma y en casos nuevos de infarto de miocardio (IM).
La venta de cigarrillos disminuyó un 17% en el primer año, lo que representó, según el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, 600 mil fumadores menos.
Vietato fumare aprobada en 2005 produjo, en solo un año, una mejora cuantificable en la salud de los italianos. En la revista Circulation 2008, Forastiere reporta una reducción del 11,2% en la incidencia del IM entre personas entre 35 y 64 años. Los jóvenes fueron los más beneficiados.

Un estudio argentino indicó que la ley no generó impacto negativo en las ventas de bares y restaurantes. Esta conclusión concuerda con trabajos realizados en muchos otros países donde se evidenció que el impacto económico de estas leyes es nulo para actividades turísticas, hoteleras y de venta de servicios.
Por el contrario, hubo un ahorro significativo en incapacidades, permisos para citas médicas, ya que: “Hubo una reducción franca de todas las complicaciones respiratorias en los empleados de los lugares que acataron la norma”.
En Inglaterra la ley antitabaco implementada en 2007, ocasionó una reducción de más del 75% en síntomas respiratorios, irritabilidad nasal y ocular. Para 2009, se observaba una reducción en la exposición al humo en niños. Además la entrada en vigencia de la ley no favoreció el desplazamiento del consumo de tabaco desde los lugares públicos hacia el hogar.
Desde 2007 se reduce el número de hospitalizaciones por IM. Hubo un patrón hacia el abandono de la adicción, uno de cada cinco fumadores que deja el tabaco reconoce que lo hace por la implantación de la nueva ley.
Estos resultados se publicaron en The impact of smokefree legislation in England: Evidence Review. Resultados similares han observado en el Uruguay. El Presidente Tabaré Vázquez logró implementar medidas antitabaco fuertes y congruentes con su condición de médico oncólogo, un ejemplo de que primero se debe ser médico y luego político.
A pesar de las apabullantes evidencias y del apoyo ciudadano, el reglamento nacional emitido es permisivo, da un enorme paso hacia atrás, abre portillos que mucho costó cerrar. Si queremos mejorar nuestros índices de salud, reducir la carga de las enfermedades crónicas asociadas al tabaquismo no podemos ser permisivos.
Los resultados exitosos que otros países han logrado, solo serán realidad en el nuestro, si somos congruentes con la ley aprobada y su implementación.
Se deben privilegiar la salud y la vida, no la cultura de muerte. De lo contrario, con la ley antitabaco pasará como con muchas otras: NADA.

María Luisa Avila