María Luisa Avila

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Jueves 10 Mayo, 2012



Diariamente Federico desplegaba actividades, muchas de ellas pagadas de su propio peculio, para recordar a todos la necesidad de vencer la adicción a la nicotina

Tricotomía

El sábado por la noche, luego de recibir la triste noticia de la muerte de Federico Wust, vino a mí la estrofa de una canción de Alberto Cortez: “Cuando un amigo se va/ queda un espacio vacío/ que no lo puede llenar/ la llegada de otro amigo”.
Federico era un ser humano excepcional, luchador incansable en pro de la salud. Lo conocí como un activista decidido y convencido luchando contra los nefastos efectos del tabaco. Su compromiso no era flor de un día, diariamente Federico desplegaba actividades, muchas de ellas pagadas de su propio peculio para recordarles a todos la necesidad de vencer la adicción a la nicotina, la importancia de no iniciarse en ella y lo fundamental de los espacios libres de humo de tabaco. Convirtió a las redes sociales en una de sus trincheras más importantes, y su página “Que prohíban fumar en sitios públicos”, es un claro ejemplo de lo que puede hacer un ciudadano comprometido con una causa.
Federico tocó puertas, hizo llamadas, publicó artículos, colaboró con las autoridades de salud con el único y claro objetivo de que la Ley antitabaco se aprobara y que más personas conservaran y mejoraran su salud.
Cuarenta y cuatro años marcaron la existencia terrenal de Federico, 44 años le fueron suficientes para dejar su legado, un legado por el que será recordado por muchos.
En el Protágoras, Platón dice por boca de Sócrates que llegar a ser un hombre bueno es difícil, pero no imposible; Federico logró ser un hombre bueno.
Su ausencia deja un gran vacío, se nos fue un amigo, un promotor de la salud, un luchador, un hombre bueno, un ser humano imprescindible.
Nos deja su legado, su recuerdo y la enorme satisfacción de haberlo conocido. Su vida se apagó luego de tres meses de luchar por ella en Cuidados Intensivos del Hospital México, pero su luz queda intacta.
Descanse en paz nuestro querido Federico, resignación a su familia.


María Luisa Avila