María Luisa Avila

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Jueves 27 Noviembre, 2014

La felicidad no es la ausencia de retos o de dificultades, es un estado de nuestra propia mente que aun en medio de la adversidad nos permite ver lo bueno de estar vivos


Tricotomía

Hay una extraña tendencia de algunos de ridiculizar que Costa Rica sea designada como “el país más feliz del mundo”.
Esa tendencia asocia felicidad con ausencia de problemas o de preocupaciones, y se preguntan ¿cómo vamos a ser los más felices con estás carreteras tan saturadas, con el alto costo del marchamo, con la corrupción?
Sin embargo lo que parecen olvidar o desconocer que el concepto de la felicidad es subjetivo y relativo, no necesariamente traduce bonanza económica o social. Desde el punto de vista biológico, la felicidad es el resultado de una actividad neural fluida, donde los factores internos y externos estimulan el sistema límbico.
Ello implica que la felicidad depende de muchas cosas y su relación con nuestro yo interno.
Para algunos, la felicidad estará en la adquisición del automóvil del año, la casa más grande, para otros implicará la lectura de un buen libro, el compartir con la familia, ayudar a los demás, la salud recuperada de un ser querido.
La felicidad tampoco es una constante exaltación donde todo nos parece maravilloso, es simple y llanamente una decisión personal de cómo ver y afrontar la vida, entendiendo que siempre hay malos momentos, pérdidas, desamor y frustración, pero que si los afrontamos con positividad no nos debe robar la felicidad.
La felicidad no es la ausencia de retos o de dificultades, es un estado de nuestra propia mente que aun en medio de la adversidad nos permite ver lo bueno de estar vivos.
La felicidad es estar contentos con nosotros mismos, por otro lado es fuente de salud, previene ataques del corazón, úlceras gástricas y citas con el psiquiatra.
Un antiguo cuento zen relata la historia del ratón que le tenía miedo al gato, un mago lo convirtió en gato, luego de lo cual le tenía miedo al perro, y así sucesivamente hasta que se fue convertido en un formidable tigre, pero entonces empezó a temerle al cazador. En este punto, el mago le dijo: —Nada de lo que yo haga va a servir, amigo, porque primero tenés que aprender a ser feliz como un ratón.

María Luisa Ávila