Mishelle Mitchell Bernard

Mishelle Mitchell Bernard

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Jueves 9 Noviembre, 2017

Trabajo infantil

Para muchos niños y niñas, abandonar las aulas, o estirar las horas para acomodar el tiempo laboral en la jornada junto con el estudio y las obligaciones en casa, más que una opción, es una obligación impuesta por la pobreza y la falta de acceso equitativo a los recursos en miles de familias.

El trabajo infantil, una de las formas socialmente más aceptadas de violencia, roba desde temprano las posibilidades y capacidades de mejoramiento de calidad de vida a millones de niños alrededor del mundo.



El estudio regional de Percepciones sobre la Violencia contra la Niñez de la organización humanitaria y cristiana, World Vision, y la firma IPSOS, realizado en 14 países, indica que 60% de los latinoamericanos y caribeños estima que el trabajo infantil que impide el acceso a la educación es común. Ese percepción baja a 38% en el caso de Costa Rica. Sin embargo, es todavía un porcentaje demasiado alto.

La próxima semana,  Argentina, será la sede de la IV Conferencia Internacional sobre Trabajo Infantil, organizada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La discusión y los compromisos alrededor del Objetivo de Desarrollo Sostenible 8.7, tendiente a eliminar el Trabajo Infantil es necesaria, toda vez que 152 millones de niños y niñas alrededor del planeta están en esta situación. En Latinoamérica afecta a 9,6 millones de niños y niñas, según datos de OIT.

Lo más llamativo es que el 75% de los niños y niñas (115 millones) que trabajan tienen entre 5 y 14 años. Un mercado ávido de mano de obra barata recluta de decenas de miles de menores de edad para reducir sus costes, pero a un precio demasiado alto a nivel personal para la niñez y a uno altísimo para la sociedad en su conjunto.

El costo estimado del trabajo infantil asciende a aproximadamente 6,6% del Producto Interno Bruto global, de acuerdo con un estudio reciente de World Vision y Overseas Development Institute.

La iniciación temprana de los niños y niñas en el mercado laboral perpetúa sus condiciones de exclusión y pobreza, impide la acumulación de capital humano y finalmente reduce la productividad y competitividad de las economías.

El sector agrícola, así como el círculo familiar constituyen los espacios más comunes donde la niñez es explotada económicamente. No extraña entonces que muchas familias acomoden a una niña para trabajos domésticos (remunerados o no) con la falsa idea de que con ello le ayudan a ella y a su familia. O que en una finca un niños realice labores agrícolas (remuneradas o no) con la misma intención.

Y aunque ha habido avances relevantes en materia de fortalecimiento de los sistemas de protección (leyes e instuciones), así como el desarrollo de iniciativas tendientes a proveer fuentes de financiamiento sostenible para emprendimientos para jóvenes, lo cierto del caso es que el problema persiste porque lo justificamos.

Es común escuchar a quien diga que el trabajo infantil desarrolla la noción de responsabilidad de la niñez, o contribuye al equilibrio de una economía debido a su bajo costo.

Los niños pueden desarrollar su noción de responsabilidad atribuyéndoles tareas acordes con su capacidad y que no interrumpan su proceso de formación.  Pero es una obligai´{on del Estado, de las empresas, de los individuos y de la sociedad en su conjunto resguardar su dignidad, su normal proceso de desarrollo y su acceso a una educación de calidad y salud que le permitan mejorar sus condiciones de vida.

¿Qué podemos hacer ante esta realidad? Sea crítico y rehúse consumir productos o servicios que usen mano de obra infantil en su cadena de valor. Denuncie a quien emplee a un niño o una niña, infórmese sobre programas para facilitar la transición de niños trabajadores al aula y exija a las instituciones encargadas velar por el bienestar de los niños.

Eliminar la violencia contra la niñez requiere de un esfuerzo mancomunado. Necesitamos a todo el mundo, también para eliminar el trabajo infantil.

La autora es Directora Regional de Comunicaciones para World Vision Latinoamérica