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¡Trabajar para cosechar!

German Retana
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Creer que podemos ganar estimula la añoranza, pero trabajar al máximo eleva la esperanza de lograrlo. El esfuerzo que ponemos en realizar un anhelo es la mejor expresión de cuán convencidos estamos de nuestras capacidades. Es curioso, pero la constancia y el trabajo forman un equipo casi invencible, porque las derrotas solo sirven para atizar el fuego que caracteriza a los triunfadores.
Michael Jordan reconocía: “Puedo aceptar fallar, todos fallamos en algo; pero no puedo aceptar dejar de intentarlo”. ¿Qué es trabajar fuerte? Es respetar lo que hacemos y dedicarnos a eso con tanto esmero que nunca nos quejamos de días largos. Además, la máxima dice que el trabajo premia, que no se olvida de nosotros en los momentos claves.
Es común escuchar a analistas de equipos de fútbol que dicen: “Ese equipito está trabajado”. Ellos se refieren a que se nota que sus miembros lucen seguros, bien mentalizados, como si todos juntos fueran “uno”, audaces, solidarios y, especialmente, muy alegres porque gozan haber unido profesión con vocación. Sus movimientos parecen haber sido memorizados, y todos se comportan como gladiadores inspirados en la pasión de crecer en su compromiso por ser un verdadero equipo y por ganar. ¿Cómo y cuándo se origina semejante confianza en sí mismos?
¡Trabajo, sí, trabajo!, esa es la respuesta. La estrategia de crecimiento no se basa en arengas motivacionales, ni en estimular aires de superioridad que aniquilan la humildad, la sensatez y el respeto por los rivales. Se basa, en cambio, en defender el sueño del equipo con horas muy bien invertidas en labor efectiva durante los periodos de entrenamiento técnico, táctico, mental y físico. Las empresas exitosas cuentan con líderes que siempre se preguntan: “¿Cómo sería el mundo y mi empresa si todos se comportaran y trabajaran como yo?”. Así definen el estándar de conducta y esfuerzo para los demás.
El magnate Joe Lewis dijo: “Todos quieren ir al cielo, pero nadie quiere morirse”. Y eso es lo que ocurre con quienes quieren larga vida y grandes éxitos pero con días cortos de trabajo, con aquellos que creen que la reputación se construye con lo que dicen que van a hacer y no con lo que han hecho.
El trabajo realizado con placer y dirección aleja la fatiga, las excusas, la pereza y las quejas. Lamentablemente en casi todo equipo hay alguien que presiona más el freno que el acelerador. Para Platón, el mundo sería mucho mejor si cada persona se dedicara a hacer el oficio por el que es conocido. Así, cuando en el equipo cada cual se dedica exclusivamente a disfrutar haciendo bien su parte, no hay frenos al tiempo ni al sudor en cada entrenamiento, porque todos saben que la minuciosidad con que se trabaje al máximo de las capacidades determina la calidad y magnitud de la cosecha.


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