Juan Manuel Villasuso

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Martes 1 Diciembre, 2009


Dialéctica
Tocarle los huevos al águila

Hablar del sector financiero en Costa Rica es como tocarle los huevos al águila. Peor aún si se menciona, con nombre y apellido, a algún protagonista de la banca privada que por sus conexiones políticas y sus relaciones personales con destacadas autoridades económicas y de gobierno ha influido en el proceso de apertura financiera, en la orientación de la política monetaria y en las prebendas concedidas a esa actividad.
Sin embargo, el debate sobre esta materia no solo es conveniente sino necesario. Han transcurrido más de dos décadas desde que se inició el desmantelamiento de la banca nacionalizada, concebida por Alberto Martén y José Figueres como “bien público”, para dar paso a la liberalización financiera que ha gestado una nueva especie bautizada por Jorge Guardia como “banqueritos criollos agremiados”.
Un análisis de la actividad financiera nacional debe examinar no solo las ventajas y desventajas de la apertura, sobre la que seguramente habrá diferentes criterios dependiendo de la perspectiva y la forma en que se mire (¿concentración del crédito? ¿márgenes de intermediación?), sino también lo concerniente a la economía política.
Una revisión de los datos muestra que los servicios financieros en Costa Rica han tenido tasas de crecimiento de alrededor del 10% anuales, más altas que cualquier otro sector económico. Las utilidades generadas por la banca privada el año pasado (SUGEF) superó los ¢55 mil millones; y los salarios en los puestos ejecutivos rebasan los ¢5 millones mensuales.
En un país en el que la distribución del ingreso se está deteriorando y la pobreza aumenta es obligatorio cuestionarse las razones por las cuales se está dando esta fuerte concentración de la riqueza en manos de unos pocos. ¿Es razonable que el sector financiero tenga tan elevadas utilidades cuando la agricultura, la ganadería y la industria apenas logran retornos de supervivencia? ¿Por qué se está produciendo esa distorsión en la rentabilidad, que sesga las opciones de inversión del capital?
La respuesta hay que buscarla en la preponderancia y primacía que los actores del sector financiero han tenido sobre las decisiones monetarias y fiscales desde mediados de los años 80. Los nombres de ministros de Hacienda y presidentes del Banco Central vinculados con la banca privada abundan. Invito a hacer un recuento de los jerarcas en esas instituciones en los últimos 20 años. Dañino maridaje de poderes: financiero y político.
La eliminación del Artículo 25 de la Ley Orgánica del Banco Central (No.1552), que establecía que el cargo de miembro de la junta directiva era incompatible con quienes durante los tres años anteriores hubieran formado parte de las directivas de sociedades financieras privadas o tuviera a sus padres, cónyuges o hijos con esa calidad, así como los accionistas o funcionarios de esas sociedades, resulta altamente perjudicial y desatiende la imperiosa diferenciación que debe hacerse entre el interés público y los intereses privados.
Los recientes comentarios de Bernal Jiménez, directivo del Banco Central, corroboran que muchas decisiones que ha tomado esa institución “son inequitativas, pues trasladan fondos de los grupos más pobres a los grupos de mayores ingresos”; lo cual se relaciona directamente con la influencia y la actividad cabildera de connotadas figuras de la cúpula del sector financiero privado. Eso es nocivo y los costarricenses deben saberlo. ¡Sigamos tocándole los huevos al águila!