Leiner Vargas

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Martes 1 Marzo, 2011


Reflexiones

Quizás por el perfil bajo que ha manejado don Rodrigo Bolaños, o quizás por la persistente baja en la cotización del dólar, la flexibilidad cambiaria sigue en debate

Tipo de cambio en perfil bajo

Con la salida de Francisco de Paula Gutiérrez del Central no solamente se dejaron de lado importantes críticas del sector privado exportador a la política cambiaria, sino que también se le bajado el piso a la política cambiaria.
Efectivamente, la preocupación creciente de Gutiérrez sobre la inflación y sus metas vino a provocar un verdadero caos de rentabilidad en las actividades exportadoras, que en 2010 llegó a representar una importante disminución en sus retornos y a molestar de verdad a las cámaras del sector.
Las bandas siguieron funcionando con su salida, aunque ahora ya no con una solapada intervención cambiaria, sino que el Banco Central ha tenido un interés claro de mantener estables los precios de compra y de venta de la divisa, pasando el tema a un perfil bajo.
Quizás por el perfil bajo que ha manejado don Rodrigo Bolaños o quizás por la persistente baja en la cotización del dólar, la flexibilidad cambiaria sigue en debate.
El problema de fondo es que mientras la economía no tenga superávit primario en hacienda, algo difícil de recobrar producto de la crisis y de la tendencia del gasto de los últimos dos años, sobre todo de la presión de salarios y pensiones a la hacienda pública, hablar de experimentos cambiarios ya no es para nada sexy en los corredores financieros ni en el mundo exportador.
El problema de fondo es que conforme van pasando los meses, las pérdidas cambiarias se incrementan y de no resolverse el tema fiscal de manera positiva para el gobierno; la carambola inflacionaria será doble, no solamente por la presión del déficit fiscal al mercado financiero y el correspondiente empujón a las tasas de interés internas, sino por la insostenibilidad de la política cambiaria y sus pérdidas, el otro lado de la moneda macroeconómica.
De tal forma que pareciera que el país se encuentra en una clara encrucijada, la inflación importada aumenta a galope, conforme se van cayendo las dictaduras árabes y la renovada crisis alimentaria vuelve a surgir, incrementando los precios internacionales de los bienes agrícolas y de las materias primas.
El país no termina de resolver su situación fiscal que día a día se agrava más y como si fuera poco, el problema de apreciación cambiaria sigue pujante, afectando la competitividad exportadora y minando las ya raquíticas condiciones financieras del Central. Mientras el entorno internacional nos permita financiar un creciente déficit comercial y de balanza de pagos con un dólar débil, abundante y barato; mientras el norte europeo y norteamericano no termine por reparar los daños de su crisis económica, el tipo de cambio ya no solo pisa fuerte, rebotando en la banda de abajo, sino que al parecer mantiene un perfil bajo.

Leiner Vargas Alfaro
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