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Jueves, 15 de noviembre de 2018



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Tifón Haiyan y cambio climático: el enfoque equivocado

| Sábado 28 diciembre, 2013


Cuando un huracán golpea países pobres como Honduras y Nicaragua, destruye la economía y mata a decenas de miles


Tifón Haiyan y cambio climático: el enfoque equivocado

 

El reciente tifón Haiyan fue terrible. Azotó a las Filipinas, matando a miles de personas, debido a la pobreza: viviendas precarias que fueron arrasadas, refugios inadecuados y mala planificación.
Es un patrón que conocemos muy bien. Cuando un huracán golpea la rica Florida, hace un daño significativo, pero mata a pocas personas. Cuando un huracán similar golpea países pobres como Honduras y Nicaragua, destruye la economía y mata a decenas de miles.
Sin embargo, muchos de los principales líderes de opinión del mundo no han hablado de la pobreza sino que más bien vincularon el tifón Haiyan con el calentamiento global, centrándose en la reducción de CO2. El Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon y el Presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim ambos atribuyeron la causa del Haiyan al cambio climático y afirmaron que eso pone de relieve la necesidad de reducir las emisiones.
En la cumbre del clima que finalizó recientemente en Varsovia, el negociador de Filipinas Naderev Saño declaró que “el cambio climático significará tormentas tropicales más intensas” y que un tratado sobre el clima lo puede solucionar.
Sin embargo, esta conexión es errónea y el enfoque sobre el cambio climático es posiblemente la peor forma de ayudar.
El calentamiento global es real, y hay muchos buenos argumentos para recortar las emisiones de CO2 de manera eficaz. Pero los huracanes no son uno de ellos.
No hay ningún indicio de la existencia de un número cada vez mayor de huracanes alrededor de las Filipinas o incluso a nivel mundial. El estudio científico mundial comparable más amplio que se ha hecho “no admite la presencia de tendencias lineales de cuencas mundiales o individuales por periodos prolongados significativos para huracanes menores, mayores o totales”. En realidad, la tendencia de huracanes fuertes alrededor de las Filipinas ha disminuido desde 1950.
Más aún, la reducción de CO2 es una de las maneras menos eficaces de ayudar. Incluso si aceptamos que el cambio climático a largo plazo hará que los huracanes sean un poco más fuertes, pero menos frecuentes, las reducciones en las emisiones importarían poco. La política climática de la Unión Europea va a costar $20 billones a lo largo del siglo y, aún así, reducirá las temperaturas en unos inconmensurables 0,05 ºC.
Si queremos ayudar, todo se reduce a la pobreza. En el corto plazo, obviamente se trata de asegurar toda la ayuda necesaria para los afectados en Filipinas. A mediano plazo, se trata de garantizar mejores refugios, sistemas de alerta, planes de evacuación y ayuda de emergencia. Y a largo plazo, se trata de garantizar que los filipinos salgan de la pobreza, de modo que dejen de ser vulnerables, como los hondureños o nicaragüenses, para estar bien protegidos como los habitantes de la Florida.
Gastar miles de millones de dólares para no hacer nada por cumplir estas metas tan simples es una mala manera de ayudar. Y el uso de una tragedia humana como un vehículo para promover la reducción en las emisiones de CO2 es inmoral.

Bjorn Lomborg
Presidente del Centro para el Consenso de Copenhague