Tomas Nassar

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Jueves 12 Marzo, 2009

VERICUETOS
Thurston, el super millonario

Tomás Nassar

El jueves pasado recibí un mensaje muy interesante. Una estimable lectora aseguraba que no había cinco compañeros de mi trabajo que pudieran contestar quién es Thurston Howell III.
Como nunca convine con ella en la cuantía o naturaleza de la apuesta, omití informarle que efectivamente tenía razón y que no cinco, siquiera dos de los interrogados, pudieron recordar quién era este mítico personaje, de características tan peculiares.
De la vida de Thurston Howell III sabemos muy poco, salvo de un periodo indefinido en el que estuvo bastante expuesto por las cámaras de televisión. Que era casado con Lovey Howell, “Amorcito”, que asistió a la Universidad de Super Millonarios de Thurston Howell III, y que estaba a bordo del S.S. Minnow cuando este naufragó en una isla desierta que compartió con el Profesor, Ginger la modelo, Mary Ann, el Capitán y su asistente.
De ellos, me quedaron muchas dudas sin resolver: ¿por qué el Super Millonario viajaba en un barco de turismo y no en su propia embarcación? ¿Cómo hacía para mantenerse siempre tan galán, quién se encargaba de mantener impecable su ajuar en medio del Pacífico? ¿Qué pasó con su imperio? ¿Habrían sido rescatados?
El envite de mi amiga trajo a mi memoria otros extraños personajes de entonces, que reflejan en el fondo la candidez de los programas de televisión de mis años de niñez y juventud. Seguramente muchos de los responsables de algunos programas que se transmiten hoy envidiarán la genialidad de quienes fueron los autores de historias tan fantasiosas como las de aquellos tiempos, capaces de mantenernos absortos por horas sin recurrir a otros argumentos tan comunes hoy.
Teníamos una monja que volaba, un caballo (Ed) que hablaba con su amo (Wilbur Post), una mamá que por alguna razón inexplicable se convirtió en carro y que dialogaba con su hijo que la conducía con especial esmero y prudencia (Mi Mamá es un Convertible); un tal Tío Martin, llegado de Marte, que convivía con Tim, su terrícola sobrino de adopción, precursor indiscutible de las antenitas de vinil del Chapulín Colorado (Mi Marciano Favorito); una bellísima genio confinada a vivir en una botella, oculta del mundo excepto de Tony Nelson, su “Amo” (Mi Bella Genio). Y Samantha, la esposa hechizada, un llanero muy solitario, Tony Newman viajando incansable por el Túnel del Tiempo. Personajes con habilidades tan especiales, secretos muy bien guardados, a los que solo teníamos acceso los espectadores.
Embelesados vivimos la audacia de la familia Robinson y de Zachary Smith para salir airosos de los peligros cotidianos a que se enfrentaban en su interminable periplo espacial (Perdidos en el Espacio) y las aventuras de justicieros de pasmosa habilidad con el revólver. Vaqueros de la talla de Bat Masterson y la familia Cartwright (Bonanza), médicos excepcionales como Ben Casey y Kildare, exitosos e infalibles abogados como Petrocelli y mascotas tan fantásticas como Flipper, Lassie y Rin Tin Tin.
Por supuesto que en la materia todo tiempo presente es mejor, mucho mejor, sobre todo e indiscutiblemente en tecnología. No teníamos alta definición, ni programas a colores, ni pantallas planas o televisión digital. Sin embargo, a pesar de la precariedad de nuestra televisión casi artesanal, extraño aquellos divertidos programas y la habilidad de sus productores para hacernos soñar, en blanco y negro.