Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 21 Noviembre, 2014

Quitar a las madres la posibilidad de que sus hijos e hijas estén en lugar seguro mientras ellas trabajan, es inconcebible


Territorios prohibidos

Estamos inmersos en un laberinto en que la salida es muy complicada. Cada vez que buscamos una salida nos enfrentamos a algunas de las múltiples ciudadelas que, bien fortificadas, no permiten el paso por su territorio.
Son organizaciones de todo tipo: pasando por instituciones públicas, asociaciones cooperativas, sindicatos, asociaciones empresariales, etc., etc. No se aplican restricciones, todas las organizaciones caen en este juego.
Hasta aquí todo es normal, como en cualquier sociedad. El problema surge cuando las organizaciones engordan brutalmente, odiosamente, y se hacen impenetrables. Por décadas fueron alimentadas con exenciones de impuestos o con “pluses” o con aportes sustanciosos de organismos del Estado o con la autoasignación de todo tipo de beneficios. Así fueron construyéndose ciudadelas altamente gastadoras, pero robustas.
Pocos se preocuparon por pedir algo a cambio, a fin de ir construyendo una sociedad equitativa, sólida y en crecimiento. Ahí comienza nuestra disfunción como sociedad en las últimas décadas. Hemos ido entregando beneficios de país rico y a cambio hemos pedido muy poco o nada. Por eso, mientras más gastamos, más difícil es nuestro avance.
Los beneficios son pétreos, las necesidades infinitas. Cada grupo ha construido murallas y ha blindado su territorio. Hasta los más educados, los más “solidarios”, defienden sus posiciones como soldados en guerra. A fin de cuentas todo ha sido legal, todo ha sido otorgado por legítimas autoridades ebrias de poder y cuyo interés por el país tenía necesariamente que coincidir con sus propios intereses.
Uno de los grandes problemas es que casi un millón de personas no están en ninguna organización o grupo con una aceptable dosis de poder. Es allí donde germina la crisis, la inseguridad y la luz roja de una sociedad. Los más débiles solo tienen necesidades.
Cuando el Estado de la Nación nos insiste en que nuestros indicadores sociales están estancados y en algunos casos con una tendencia cada vez más negativa, debemos reaccionar a tiempo. Nadie espera resolver estos problemas, pero es importante al menos luchar por cambiar la tendencia en los próximos años.
Hay una apreciable cantidad de países latinoamericanos que están avanzando en sus indicadores sociales, es difícil aceptar el estancamiento o retroceso de Costa Rica en áreas clave. Seguimos alumbrándonos con energía de un pasado lejano.
El miércoles hubo una marcha que duele: el temor al cierre de algunos CEN-CINAI. Quitar a las madres la posibilidad de que sus hijos e hijas estén en un lugar seguro mientras ellas trabajan, es inconcebible.
No solo eso, allí se forman, en los años primeros y más importantes, parte del futuro de nuestra sociedad. Y se forman con cariño, conviviendo y compartiendo valores, con atención esmerada y también con leche y alimento. Vale la pena por estas cosas abrir un poquitito las puertas de las ciudadelas.

Arturo Jofré

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