Leiner Vargas

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Martes 28 Febrero, 2017

El país ha dejado pasar tres años de bonanza en el entorno internacional y continúa, con su persistente déficit fiscal, que provoca una creciente necesidad de endeudamiento del sector público en dólares

Reflexiones

Temores cambiarios

El tipo de cambio refleja, en cada momento, el precio relativo de nuestra moneda, el colón, con respecto al dólar u otras monedas externas. Es una medida de referencia sobre nuestra competitividad relativa y se asocia, esencialmente, al valor que mantiene en equilibrio las cuentas externas de nuestra economía en el agregado macroeconómico. El tipo cambio, entendido como un precio relativo, es esencialmente un valor que mantiene los equilibrios en la balanza de pagos, permitiendo al país un balance apropiado entre sus compras o importaciones de bienes y servicios y sus ventas o exportaciones de bienes y servicios, más el necesario balance en la cuenta de capitales. Se trata entonces de un valor que permite a la economía tener una razón confiable de pago de su deuda y al mismo tiempo, mantiene los equilibrios entre los ingresos y salidas de moneda extranjera, producto de la dinámica comercial y financiera de la economía.

Si bien es cierto, el actual gobierno sorprendió a propios y extraños al liberalizar el sistema cambiario a inicios de la presente administración, también es claro que la bonanza de los precios del petróleo, la estabilidad en las tasas de interés externas y los buenos resultados que han continuado en materia de ingreso de Inversión Extranjera Directa (IED), han provocado una fuerte estabilidad cambiaria nominal, al menos hasta hace un par de meses atrás. Pero y entonces; ¿Ha sido dicha estabilidad real o sustentada por una intervención sucia de las autoridades monetarias? Ciertamente, hemos tenido de ambas cosas, la relativa estabilidad en las tasas de interés internacional, la bonanza de los precios del petróleo y la creciente inversión extranjera han hecho posible una relativa estabilidad e inclusive exceso, en algunos meses, de reservas monetarias internacionales. Empero, las condiciones estructurales o factores reales que explican la estabilidad cambiaria se han diluido de manera sustantiva. El país ha dejado pasar tres años de bonanza en el entorno internacional y continúa, con su persistente déficit fiscal, que provoca una creciente necesidad de endeudamiento del sector público en dólares, externa e internamente. El país sufre ahora un revertir de la situación externa con precios más altos del crudo y una situación externa gris, motivada en las ocurrencias de Trump y en una economía global que tiende ha ser menos favorable para continuar con los patrones de IED y el flujo de recursos en materia de endeudamiento externo. Así las cosas, la economía costarricense tropieza, generando más y mayores riesgos y vulnerabilidad.

Entonces, ¿se está a las puertas de una creciente inestabilidad cambiaria? ¿Hasta dónde y hasta cuándo, puede generarse este ruido creciente en nuestro macroprecio cambiario? Creo que existen razones estructurales para que exista mayor devaluación, pareciera que la economía costarricense pasa por un mal momento en sus equilibrios macroeconómicos. Es cierto que la tempestad es fuerte en el horizonte, pero que aún los vientos fuertes no tocan la proa del barco, la fuerza y magnitud de los vientos se verán en este segundo semestre, cuando se acabe el respirador artificial de la deuda del gobierno y se vean las reacciones reales ante las ocurrencias de Trump. Así las cosas, pareciera que no bastaría con el estabilizador cambiario para frenar una posible devaluación del colón y la varita mágica fiscal, no aparece en el horizonte. Quizás el ajuste llegue antes de lo esperado, pero todo dependerá de la pericia y de la capacidad de nuestra autoridad monetaria de mantener la credibilidad en nuestro sistema cambiario, que a todas luces, hace agua en medio de los avatares externos.

Dr. Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com