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Jueves, 9 de abril de 2020



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Tan azul como verde

Ingeniera Ambiental de Futuris Consulting

Tatiana Vega - Futuris Consulting [email protected] | Martes 25 febrero, 2020


En un planeta encendido por catástrofes naturales, Costa Rica continúa destacando por sus acciones y logros ambientales. Mientras muchos luchan contra incendios forestales devastadores como el de Australia, o sufren las drásticas consecuencias del cambio climático como en el Ártico, en Costa Rica se analizan nuevas posibilidades para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles.

El pasado 28 de enero el ICE anunció la necesidad de diversificar su matriz energética a otras fuentes renovables como la energía marina. Son estas decisiones las que demuestran nuestro liderazgo en temas ambientales en la región y, aunque nos falta un largo camino por recorrer, nos llena de orgullo como costarricenses. Sin embargo, es necesario preguntarse ¿de verdad es Costa Rica un país sostenible?

Para responder a esta pregunta, primero es necesario entender que la sostenibilidad va más allá de la preservación de los recursos naturales y tiene tres pilares: la protección del ambiente, el crecimiento económico y, aunque a veces se deje de lado, el desarrollo social. Sin duda la sostenibilidad busca el desarrollo económico de una sociedad sin dañar el ambiente, pero es necesario el progreso de la población para ser realmente sostenibles.

El desarrollo social se alcanza cuando existen niveles satisfactorios en la educación, sanidad y calidad de vida de la población, por lo que en ese desarrollo son importantes las políticas y leyes de salud ocupacional y seguridad laboral de un país. A través de esas políticas y leyes se intenta resguardar la vida de los colaboradores y la sanidad de las áreas de trabajo.

En el caso de Costa Rica, en los años cuarenta se inició la lucha por brindar a los trabajadores mejores condiciones laborales, que incluían salario mínimo, jornada laboral de máximo ocho horas, vacaciones, cargas sociales y los pagos de cesantía. Todas estas garantías sociales se concentraron en el Código de Trabajo de 1943.

Para esa época, Costa Rica era un país pionero en temas de seguridad social. Pocos países latinoamericanos tenían tantas y tan favorables garantías. En aquel momento éramos líderes. Ya no lo somos.

Si revisamos la legislación en materia de salud ocupacional de los países centroamericanos, nos encontramos que sus leyes y reglamentos son mucho más robustos y completos que los de Costa Rica.

En Honduras por ejemplo, el Reglamento General de Medidas Preventivas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales indica las condiciones mínimas con las que debe contar cualquier equipo de izaje para evitar accidentes durante el transporte de cargas pesadas. Mientras que, en Costa Rica, la legislación se limita al Reglamento de Seguridad en Construcciones y deja por fuera a las empresas que durante sus operaciones regulares, no de construcción, requieran operar equipos de izaje.

Lo mismo sucede con las regulaciones de trabajo en alturas y en caliente, como la soldadura, cuyos controles se limitan al equipo de protección personal que se le debe brindar a los trabajadores de construcción y dejan desprotegidos, de nuevo, a colaboradores de otros sectores.

Según la revista Summa, tan solo en el 2018 el Instituto Nacional de Seguros atendió 124.339 casos reportados como accidentes laborales. Es decir casi 341 casos por día. Al año, mueren en el país 4,5 trabajadores por cada 100.000. Según los datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, se produjeron 80 muertes por accidentes laborales en el 2015, 126 en el 2016 y 103 en el 2017.

La salud ocupacional, que por lo general se relaciona con el color azul, es un tema nuevo para gran cantidad de empresas, principalmente las de capital costarricense. Muchas no solo carecen de políticas internas sino que desconocen incluso la legislación costarricense, por lo que no se previenen los accidentes.

Los datos de accidentabilidad y la poca legislación en materia de salud ocupacional son un fuerte indicador de que nuestro tercer pilar de la sostenibilidad, el azul, es muy débil. No deberíamos presumir de nuestra reputación sostenible cuando aún nos quedan tantas bases por construir y estamos tan lejos de alcanzar la verdadera sostenibilidad.

Si Costa Rica es considerado un país verde gracias a sus políticas que preservan los parques nacionales e incentivan la generación de electricidad por medio de energías limpias; su azul se encuentra un poco desteñido. Si de colores se trata, Costa Rica debería ser un país tan azul como verde.

Tatiana Vega

Futuris Consulting





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