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Sábado 29 Mayo, 2010

Supervisión debe ser aleatoria y sorpresiva

En el Sistema Financiero de Costa Rica existe una amplia libertad operativa y de actuación. Las entidades que operan en este están sujetas a una estricta regulación por parte de los poderes públicos, además de que existen diferentes organismos públicos encargados de supervisar la solvencia, la estabilidad y el funcionamiento de las entidades que operan en los distintos mercados.
Lo que supone que en nuestro país los bancos, las cajas de ahorro, las cooperativas, los sistemas de ahorro colectivo y otros entes financieros, se encuentran debidamente supervisados por la Sugef y por otras instituciones autonómicas encargadas de fiscalizar la seguridad y transparencia en el manejo de los recursos públicos.
Recientemente el caso Coopemex, que fue denunciado por algunos funcionarios valientes, por supuesto manejo irregular de fondos públicos, volvieron a revivir los recuerdos amargos de las crisis financieras vividas por algunas cooperativas en perjuicio de sus asociados y de la confianza en este sector.
Sin embargo, no cabe duda de que el sector del cooperativismo ha tenido un crecimiento vertiginoso, demostrando definitivamente que es un motor de desarrollo, cuyo crecimiento ha sido descontrolado y desordenado debido a la falta de controles.
Está claro que la Sugef ha sido muy tibia y condescendiente con respecto a los controles, que deben tener un carácter aleatorio, sorpresivo y vigilante, que encaje en el conjunto de medidas y potestades otorgadas y ajustadas al interés nacional.
El Estado está en el deber de ejercer el control exhaustivo y la supervisión de las operaciones de las cooperativas de ahorro y crédito, no solo para contribuir a una sana competencia de las empresas financieras, sino también porque ello es parte de la protección que debe brindar al ahorro nacional, para la estabilidad social y macroeconómica.
Respecto al Infocoop, entidad que agrupa a todas las cooperativas oficiales, tiene objetivos de financiar y expandir el cooperativismo como sistema, no obstante, también tiene algunas potestades para fiscalizar y supervisar las cooperativas, así que no hay excusa.
Es oportuno aclarar que las cooperativas no le temen a la supervisión del Estado, más bien reclaman por una supervisión detallada, para enfrentar los retos de la globalización, así como su participación en el mercado financiero, en condiciones competitivas de igualdad y seguridad.
Cierro el comentario reiterando que las cooperativas, más que ningún otro ente del sector financiero, deben ser supervisadas y reguladas, por cuanto ellas están administradas por individuos que no son realmente sus dueños totales, y cuyos aportes, en muchos casos, no son lo suficientemente grandes como para que surja la preocupación por la suerte de la empresa.

Luis Fernando Allen Forbes
Asociación Salvemos el Río Pacuare