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Domingo, 3 de marzo de 2024



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Sororidad, de Unamuno a Lagarde

Marilyn Batista Márquez mbatista@batistacom.com | Lunes 06 marzo, 2023


En 1977 leí por primera vez el ensayo de Miguel de Unamuno “!Adentro!”, que publicó en el 1900. Me grabé su frase introductoria “In interiore hominis habitat veritas” (En el interior del hombre habita la verdad). Hubiese querido que en vez de “hombre”, escribiera “personas”, pero lo disculpo por haber pertenecido a la generación del 98 (nacidos entre 1864 y 1876), un extraordinario grupo de escritores, poetas y ensayistas españoles, profundamente decepcionados por la crisis moral, política y social producto de la derrota militar de España, en la guerra hispano-estadounidense.

¡Adentro! Es un poderoso mensaje de empoderamiento femenino, para aquellas, que como yo, se sienten identificadas con su disertación, aunque no haya sido dirigido solo a mujeres. En esta frase nos insta a romper el techo de cristal “Pon en tu orden, muy alta tu mira, lo más alta que puedas, más alta aún, donde tu vista no alcance, donde nuestras vidas paralelas van a encontrarse: apunta a lo inasequible”.

Unamuno fue uno de los que rompió y renovó los moldes clásicos de los géneros literarios, creando nuevas formas y neologismos, el más destacado a nivel de vocabulario, es la palabra “sororidad”.

En su novela La Tía Tula, hizo mención por primera vez de esta palabra tan identificada con el movimiento feminista: “…¿Fraternal? No: habría que inventar otra palabra que no hay en castellano. Fraternal y fraternidad vienen de frater, hermano, y Antígona era soror, hermana. Y convendría acaso hablar de sororidad y de sororal, de hermandad femenina”.

El escritor, quien fue rector de la Universidad de Salamanca, nos habla del empoderamiento y la resiliencia cuando afirma “Toma la vida en serio sin dejarte emborrachar por ella; sé su dueño y no su esclavo, porque tu vida pasa y tú quedarás. Y no hagas caso a los paganos que te digan que tú pasas y la vida queda... ¿La vida? ¿Qué es la vida? ¿Qué es una vida que no es mía, ni tuya, ni de otro cualquiera? ¡La vida! ¡Un ídolo pagano, al que quieren que sacrifiquemos cada uno nuestra vida! Chapúzate en el dolor para curarte de su maleficio; sé serio. Alegre también; pero seriamente alegre”.

Más de un siglo pasó para que Marcela Lagarde, política, académica y antropóloga mexicana, retomara esta palabra y profundizara el poderoso concepto de unidad entre las mujeres, sororidad, definiéndola como: “Amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”.

Es tan liviano y profundo, sencillo y maravilloso este ensayo del que, -además de prominente escritor- fue diputado de las Cortes constituyentes de la Segunda República de España, que cada vez que lo leo pienso en todas las mujeres que necesitamos mirarnos adentro, para encontrar el lugar que merecemos en los diferentes ámbitos de la sociedad.

“En vez de decir, pues, ¡adelante!, o ¡arriba!, di: ¡adentro! Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que rebases luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. «Doy cuanto tengo», dice el generoso; ´Doy cuanto valgo´, dice el abnegado; ´Doy cuanto soy´, dice el héroe; ´Me doy a mí mismo´, dice el santo; y di tú con él, y al darte: ´Doy conmigo el universo entero´. Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti. ¡Adentro!”

Complemento la frase de Unamuno, “¡Mi centro está en mí!”, con una de Lagarde, “…estamos decididas a apropiarnos del derecho a pensar por nosotras mismas y democratizar la atención de la subjetividad femenina desde una perspectiva feministas. Por ello, como nos abocamos a transformar radicalmente el mundo, cada una precisa, asimismo, cambiar radicalmente”.

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