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”El que es incapaz de perdonar es incapaz de amar”. (Martin Luther King).
Cuando se trata del peso, escuchamos día y noche a la gente decir, “Es solo tomar la decisión y ya”, “es cuestión de cuidarse”, “basta con aprender a comer de todo”, “un poquito de ejercicio y comer bien”, que fácil se dice, pero no saben lo difícil que es, más cuando todo el tiempo están insistiendo con lo mismo.
Una vez me preguntaron, “pero que es lo que sienten, hambre no es”, definitivamente el hambre y la ansiedad son dos sensaciones completamente distintas, el hambre se quita cuando se come, la ansiedad es una necesidad que no se acaba con comer; la comida para un obeso, es una solución momentánea, que se acaba tan rápido como empieza, con un duro sentimiento de culpa que no se va, solo se acumula y nos reclama el resto del día por lo que comimos.
La culpa es una emoción auto-destructiva, y está relacionada directamente con la baja autoestima, lo que nos lleva a sentirnos mal con nosotros mismos todo el tiempo; “ay no, me comí esas galletas, fijo ya subí un kilo más”, “no debí comerme esa empanada, ya me siento más gorda”, “hoy no fui al gym ahora ya no voy a bajar de peso”, “que tonta que soy, sigo comiendo lo que no debo” y el resultado de todos esos pensamientos es: ¡QUIERO COMER MÁS!, la culpa nos envuelve en un circulo vicioso que no se termina, entre más como, más culpa, entre más culpa más ganas de comer.
Llega un punto donde tratamos de engañarnos, “yo me amo”, “tengo que quererme”, “tengo que respetarme”, “me merezco lo mejor”; pero nos vemos al espejo y todo eso se viene abajo, le hemos dado nuestro valor como personas a la imagen que tenemos, que con obesidad, definitivamente está en el polo opuesto de la imagen estándar de la sociedad. Este autoengaño cargado de una insatisfacción interminable, nos convierte en personas auto-exigentes que nunca logran nada, porque para nosotros 100g es mucho o muy poco, pero jamás suficiente.
La auto-exigencia, que no tiene resultados positivos, nos lleva a castigarnos, buscamos la forma de cobrarnos a nosotros mismos lo que hicimos “ahora no como en tres días”, “ya no voy a la fiesta”, “olvídese de la cena”, “a punta de agua a partir de hoy”; las dietas locas, los tratamientos dolorosos, los ejercicios desmedidos sin supervisión, son nuestro castigo y al final terminamos llorando, de nuevo, porque, una vez más, el castigo no nos hace superar la obesidad.
Perdonar no es una tarea fácil, más cuando no hay alguien pidiéndonos perdón, porque en nuestro caso, es YO haciéndome daño, por lo tanto debo ser YO quien se pide perdón y no encontramos justificación para lo que hacemos, pasa el tiempo y solo se hace más difícil, al punto que ninguna opción funciona. Pero, yo le pregunto, ¿ya intento la “dieta” del auto perdón?, ¿No?, le pido que solo por hoy la intente. Quisiera decirle que es fácil, pero no lo es, es un trabajo de todos los días, que requiere paciencia, pero que a diferencia de todas las dietas que ha hecho, si funciona.
Comience por eliminar las expresiones despectivas sobre si mismo, si las piensa, por lo menos no las diga, no las exprese, aunque no lo sienta de momento, dígase gracias, véase al espejo y admita, si, no me gusta lo que veo, me sobra y me falta todo esto, pero es lo que tengo en este momento y pídase perdón, perdón por lastimarse, por desvalorizarse, por darle permiso a la gente de tratarle mal solo porque tiene obesidad o sobre peso, NO, ellos no tienen derecho de hablarle mal, su peso no lo hace mejor ni peor que ellos, exija respeto, dando respeto “Me duelen tus palabras, por favor si no hay nada bueno que decir, no me lo digas”, llore, grite, patalee y dígase me fallé, me lastimé, me herí, estoy viviendo esto porque no me he amado lo suficiente, porque he puesto a todos y todo, primero q a mi, y decida que SOLO POR HOY, su peso no va a determinar su felicidad, dése un abrazo, dígase hoy lo vamos a hacer mejor ayer, piense todas las cosas que se ha dicho y hecho, por las que se tiene q pedir perdón, piense que en el momento en que lo haga, ese YO, que lo dejó llegar hasta el fondo, donde está hoy, le va a dar la mano para salir de esta.
No esta solo, inténtelo, hay mucho que ganar, no permita que la duda eche raíces en su corazón, no permita que pensamientos que son contrarios a los de Dios influyan en su mente, no deje que el mundo le robe la seguridad de que vale como persona y por favor, no olvide que hasta que no se perdone, nunca se va a poder amar.

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