Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 10 Marzo, 2017

La libertad es central a la vida política en un país. Costa Rica requiere de autoridad y de una democracia mucho más participativa. Quizás lo que muchos han echado de menos es la ausencia de un liderazgo adecuado. Autoritarismo y liderazgo no son lo mismo

Sinceramente

Social democracia. La humanización del estado y del sistema

La lucha entre autoritarismo y democracia no ha concluido. Cuando la democracia se debilita en su capacidad de gobernar en razón de los seres humanos que gobiernan, siempre surgen las voces que claman por “una mano dura”. El despotismo está a flor de piel de quienes prefieren una orden a una negociación y un diálogo. El despotismo está siempre presente cuando quienes tienen opinión, libertad, propiedad y derecho dicen no. El despotismo surge ante la intolerancia a oposición e ideas diferentes. Entonces surgen las voces de “ingobernabilidad”, las voces de imposición, los intentos de mano dura y mano fuerte. Ante la parálisis y el desorden las voces del despotismo aumentan su volumen. Nunca la dictadura es alternativa a un régimen deliberante de opinión.
No es lo mismo gobernar una democracia deliberante y cada vez más participativa que gobernar una democracia autoritaria con un “caudillo” al frente que decida sus asuntos más graves en una mesa a puerta cerrada. Simplemente no es lo mismo. Nuevas formas deben surgir, los seres humanos deben encontrar nuevas avenidas de conducción. La dictadura es parte del problema, nunca de la solución. Los “mesías” políticos simplemente no existen.
Para las personas democráticas que comprenden que el país no es propiedad del presidente ni de los diputados, sino que ellos son los depositarios pasajeros de la administración de los asuntos comunes, esta es una realidad conveniente. La libertad es central a la vida política en un país. Costa Rica requiere de autoridad y de una democracia mucho más participativa. Quizás lo que muchos han echado de menos es la ausencia de un liderazgo adecuado. Autoritarismo y liderazgo no son lo mismo.
Un rediseño del estado, sus funciones, sus alcances y sus limitaciones debe emprenderse seria, pensadamente y en medio de un prolongado y virtuoso diálogo público con sentimientos muy patrióticos y de ideas autoritarias muy alejadas. La libertad, la opinión pública y la discusión parlamentaria sanan la democracia.
Los proyectos de ley para eliminar generadores de ingobernabilidad tales como Conavi, Servicio Civil, Procuraduría General de la República, Contraloría General de la República, reglamento de la Asamblea Legislativa y Sala Constitucional deberán ser hechos por nuestros mejores ciudadanos y discutidos de manera seria y patriótica, nunca politiquera.
La social democracia conserva totalmente vigentes los principios de libertad, justicia, solidaridad, democracia efectiva y movilidad social que son su razón de ser. La social democracia no es incompatible con el mercado ni con la propiedad privada. La social democracia ha buscado crear un estado de bienestar en la población y estimular la producción de bienes y servicios cuidando la productividad de los países donde desarrolla su sistema. La social democracia no fija salarios mínimos buscando acabar con la producción sino buscando el equilibrio y los estándares mínimos sociales para una convivencia armónica y digna.
El sistema debe ser gobernado por personas decentes, conocedoras, capaces, patriotas que busquen el bien común y no estén detrás de hacer negocios propios al amparo del puesto oficial para salir ricos del gobierno. Ningún sistema dirigido por ignorantes, inútiles, personas desprovistas de experiencia o de integridad puede funcionar. Quienes votan y eligen tienen la responsabilidad de escoger bien y de acertar en su elección. Por ello es trascendental votar pensando y no al calor de un trago de guaro, una comparsa, una cimarrona y palabras que todos querrían escuchar.

Emilio R. Bruce
Profesor
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