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Sábado 30 Octubre, 2010

Sobre el trabajo

A veces pensamos en el trabajo como un medio para conseguir el dinero que necesitamos para vivir, como si nuestra vida se desarrollara solamente cuando estamos lejos de él: con la familia, con los amigos, en el tiempo libre.
Pero bastan algunas cuentas para descubrir que, excluyendo las horas de sueño, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en el sitio de trabajo. Lo anterior debe hacernos reflexionar sobre la verdadera naturaleza del trabajo, ya que no solo es fuente de recursos materiales, sino que es nuestro principal ámbito de convivencia social y el sitio privilegiado para realizarnos como personas.
Hay cuatro factores sumamente importantes a tomar en cuenta para que estas posibilidades de realización se materialicen. El primero es la naturaleza de la organización para la cual trabajamos; si tiene reconocimiento y prestigio, si creemos que juega un papel importante a nivel social, en fin, si podemos decir con orgullo que trabajamos allí.
El segundo se relaciona con la naturaleza de las funciones que realizamos y nuestra percepción sobre estas. Si creemos que con nuestro trabajo logramos un aporte importante, si sentimos que lo que hacemos es valorado.
El tercer factor está íntimamente relacionado con nuestra naturaleza social, pues corresponde a los vínculos que construimos con nuestros compañeros. No podemos entrar y salir del trabajo como si el resto de los seres humanos que allí encontramos fueran una herramienta o un insumo más de nuestro quehacer. Siempre construimos lazos afectivos (positivos o negativos) con las personas con las que más nos relacionamos.
De lo anterior se deduce la importancia de construir relaciones sanas, amenas y confiables; quizá no pretendamos invitar a todos los compañeros un fin de semana a la casa, pero sí es importante mantener la cordialidad y camaradería durante el tiempo que estamos con ellos. Peor que un mal trabajo, es no llevarse bien con las personas con las que trabajamos.
El último factor no es menos importante, lo constituye la armonía de nuestro quehacer laboral con el resto de nuestros ámbitos vitales. El ser humano es un ser integro, no puede sacar a su familia de su historia personal durante las horas de trabajo, o viceversa. De allí que deba existir un equilibrio; la capacidad de sentirse bien consigo mismo en cualquier lugar donde nos toque estar. Si nos sentimos bien con nuestra vida, menos con el trabajo, es claro síntoma de un desequilibrio que debemos resolver.
De eso se trata el desarrollo humano, de reconocernos como personas integras, no solo como trabajadores, parejas, padres o amigos. El crecimiento personal no puede limitarse a un único aspecto de nuestra vida. Si se crece como trabajador (en experiencia, en satisfacción, en conocimiento, etc.) también se crece como ser humano. El trabajo no es solo fuente de ingresos, una forma de integrarse a la sociedad y dar nuestra parte, o un espacio de convivencia, es una pieza fundamental en la construcción de lo que somos.

Rafael León Hernández
Psicólogo