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Lunes, 18 de marzo de 2019



COLUMNISTAS


Sobre aumentos, obra concesionada y policía

Humberto Pacheco [email protected] | Martes 08 junio, 2010



TROTANDO MUNDOS
Sobre aumentos, obra concesionada y policía

Felicitamos a la señora Presidenta. Pudo por fortuna barajarle el descomunal aumento salarial a los diputados sobre la base de un eventual beneficio propio que le prohibía aprobarlo. Esto es congruente con sus promesas de probidad sin que los diputados puedan cobrarle su posición. Su anuncio causó que desistieran de tan censurable despropósito, uno que nunca debió darse y en el que los diputados de Gobierno llevaron la vos cantante, incluido el diputado que se guardó hasta el final, a modo de asegurarse el aumento, antes de manifestarse en contra. De esa manera recibiría el aumento y al mismo tiempo salvaría algo de credibilidad para cuando desenfunde su proyecto de más impuestos ante el país.
La conducta de ese diputado fue dos veces censurable pues ni siquiera pudo dar razón creíble a su vuelta de mico.
Girando en torno a la concesión de obra pública, una vez más a algunos les está costando distinguir entre el frío y la falta de cobijas. Resulta que ahora que quedó claramente al descubierto que la nueva carretera vieja a Caldera no es sino un juego de luces y pitos que con una capita de asfalto nos había ilusionado a todos, las voces del negativismo salen a decir que la concesión de obra pública no sirve. Esto es entendible en medio de la decepción que esa anticuada ruta ha causado, pero es errado.
No es la concesión de obra pública la que falla. En países verdaderamente en vías de desarrollo — algunos pequeños como el nuestro para que la comparación sea aún más válida— esta ha funcionado muy bien y ha liberado recursos al estado para otros menesteres más propios de la gestión pública. Nueva Zelanda, Chile y, desde luego nuestro dinámico hermano Panamá, son algunos ejemplos del éxito de la concesión de obra pública.
Lo que no funciona es el compadrazgo, la componenda, la tolerancia, la falta de inspección, supervisión y vigilancia (palabras estas tres que curiosamente la Real Academia de la Lengua no a definido por separado cuando de Costa Rica se trata) y la chiza. Mientras estas enfermedades no se curen, ni la concesión de obra pública ni la realización de obra directa funcionarán, porque igual las afectan a las dos.
Esa misma idiosincrasia causó que algunos diputados del negativismo se trajeran abajo la instalación en Costa Rica de la escuela de policía continental que los norteamericanos querían instalar en Costa Rica en una pasada administración. En ésta se entrenaría a nuestros policías- y a los del resto de América Latina- para generar verdaderos profesionales en temas de policía, seguridad ciudadana y combate al narcotráfico, lo que nos hubiera resuelto el alto costo de entrenar a nuestras desencajadas fuerzas del orden.
Además, sería el medio propicio para crear vínculos con las policías de los otros países y, conociendo como funcionan estas cosas, un medio a la mano para obtener equipos modernos sin costo ó a muy bajo costo. Eso nos dejaría únicamente con la tarea de pagarle a nuestros agentes salarios decorosos, como corresponde a quienes a diario arriesgan sus vidas por nuestra seguridad, y proveerlos de una buena póliza de vida para que las familias que pierdan a su productor en el cumplimiento del deber, El obsoleto argumento de que con eso militarizábamos al país silenció a quienes debieron impulsar la instalación de la escuela y allí se acabo la oportunidad de seguridad policial más palpable que hemos tenido.
Los “negatodistas” y todito se salieron con la suya y hoy, mientras la seguridad se deteriora día con día, gritamos lobo sin que nadie nos preste atención.

Humberto Pacheco
[email protected]

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