Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 1 Marzo, 2017

Sobre las encuestas

“No creo en las encuestas”. “Las encuestas están viciadas”. “No aciertan las encuestas”. Estas y otras frases se escuchan especialmente en un año como el actual que es “electoral.” La verdad, lo que provoca este tipo de aseveración son las encuestas políticas preelectorales que preguntan la intención de voto de los participantes.

Nadie cuestiona los resultados de las encuestas que miden la satisfacción de un cliente con la calidad del servicio recibido de un banco o la complacencia de una familia con la pantalla plana de 60 pulgadas. Tampoco cuestionan cuando las encuestas reportan como resultados que los costarricenses creen que la Asamblea Legislativa no está funcionando bien o que están disconformes con la gestión del presidente de la República. Se realizan encuestas de todo tipo de forma continua en Costa Rica y los habitantes contestan y los clientes de las empresas de investigación pagan por la información.
Las encuestas científicas dependen de una muestra cuidadosamente diseñada que permite proyectar resultados al universo (todas las mujeres residentes en la provincia de Limón o todos los dueños de motocicleta en Garabito, para dar dos ejemplos) y llegar a conclusiones accionables. Las mismas técnicas se aplican en las encuestas de opinión política preelectorales.
Al público le fascina las encuestas preelectorales y las lee cuidadosamente; incluso los que dicen que no creen en estos estudios siguen la información. Después de todo, tienen mucho interés en conocer quién va adelante en la carrera para llegar a la presidencia y por cuántos puntos, y solo las encuestas les pueden dar esa información.
¿Por qué tanta insatisfacción con las encuestas preelectorales entonces? Hay tres razones principales. Primero, los políticos que salen mal en una encuesta de este tipo inevitablemente explican a sus seguidores —“esta empresa está comprada”. “¿Quién sabe cuánta plata le dieron a esta gente para sacar esos números?”. Y como siempre hay más perdedores que ganadores, se crea un coro de disidencia. Segundo, los diputados han impuesto un bozal a los que realizan encuestas porque creen que tienen mucho impacto en la forma en que votan los habitantes. En la última semana antes de una elección nacional es prohibido publicar resultados; en la situación volátil en que se encuentra una campaña con cinco, seis, siete candidatos, lo que se revela en una encuesta en la primera quincena de enero puede ser diferente al resultado de la votación en la primera semana de febrero.
Tercero, ha habido varios casos internacionales recientes donde las encuestas hechas muy cerca de la fecha de una votación tuvieron resultados distintos —Brexit, el referendo en Colombia sobre el Tratado de Paz— son dos ejemplos. Alguien dirá “¿y la elección de Trump?” La verdad es que Hillary Clinton ganó la votación popular por 3 millones de votos —lo previsto por las encuestas— pero el sistema estadounidense permite que gane alguien que no recibe la mayoría de los votos.
CID/Gallup realizará encuestas preelectorales con miras a la elección nacional de 2018.

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